domingo, 13 de diciembre de 2009

Hope Sandoval: hermosa condena.

Después de ocho años y cuando creíamos que no volveríamos a escuchar nada nuevo de la hipnótica voz de Hope Sandoval, aparece el flamante álbum Througth The Devil Softly. Segunda obra junto a The Warm Inventions, contiene una colección de canciones que parecen ya escuchadas o conservadas en frío en nuestras conciencias, pues mantienen la atmósfera de sus anteriores discos y eso, - y sólo en contadas excepciones como aquí - se agradece.

Las guitarras rasgadas de "Blanchard" comienzan el viaje al interior de Througth The Devil Softly, un mundo iluminadamente melancólico y bañado de sutileza, ese del cual estamos mal acostumbrados desde su primer álbum con Mazzy Star. La segunda parada está en la onírica "Wild Roses", seguida de la muy mazzy "For The Rest Of Your Life". Al llegar "Lady Jessica and Sam", su sonido comienza a embriagarnos en una fría noche alrededor de una fogata y "Sets the Blaze" nos envuelve en la espesura de un bosque habitado por duendes. Con "Thinking like that" estamos atrapados por violines en un dulce sueño y en "There`s a Willow" es la armónica el ingrediente principal del cóctel que termina turbándonos.

"Trouble" es sin duda la mejor canción del disco, una intensa pieza que brota en una madrugada de niebla entre pastisales húmedos y que no desvanece aún cuando sale el sol. En "Fall Aside" el disco muta en colores psicodélicos con toques a The Doors - los chamanes que visitaban a Jim Morrison también le quitan el sueño a nuestra chica - y en la estremecedora y sureña "Blue Bird" es su alma quien nos susurra al oído. Las olas de una playa se escuchan al comienzo y al final de "Satellite", canción que concluye el viaje por los terrenos del disco.

Througth The Devil Softly es el mismo embrujo, la misma estocada en el mismo vientre. Si, porque con cada disco de Hope Sandoval pasa lo mismo que con Radiohead: no queremos reinvenciones, sólo queremos una nueva dosis de una música que es frágil pero que con cada escucha nos vuelve más fuertes. Como en la película "El día de la Marmota" (1993) de Harold Ramis, donde el personaje de un periodista interpretado por Bill Murray despierta cada mañana en el mismo día, el "día de la marmota" que se celebra cada año en un pueblo de Pennsylvania. Al principio ello lo enfurece, pero con el correr de los mismos días los hechos lo convierten en un mejor hombre. Nosotros, con las canciones de Hope Sandoval, sufrimos la misma hermosa condena.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El sabor de la vida

Cuando creemos que en el cine ya hemos visto de todo, aparecen pequeñas películas como "Den Brysomme Mannen" (2006), que nos muestran a través de una fábula kafkiana una oscura mirada a la vida moderna.

Dirigida por el noruego Jens Lien y filmada en Islandia, este fresco film con toques de humor negro, retrata la llegada de un hombre llamado Andreas - en autobús, desde no sabemos dónde - a una extraña ciudad sin nombre. De inmediato, le asignan un departamento, un auto y un trabajo que parecen perfectos. Confundido, comienza a llevar una rutina en medio de una ciudad en donde las personas le parecen vacías e individualistas. Comienza a visitar bares pero las bebidas no tienen alcohol - él se siente solo y quiere emborracharse pero no hay caso-, las comidas no tienen olor ni sabor y los temas de conversación del resto de los mortales son siempre superficiales. Pronto conoce a una mujer y se mudan a una gran casa. Su relación es tan fría - el sexo es un acto mecánico -, que luego se enamora de una chica que parece más sensible. Pero se equivoca. En ese lugar, donde todo parece prefabricado y nadie tiene emociones ni sentimientos, lo comienza a embriagar una sensación de ahogo y sólo desea escapar. Entonces se intenta suicidar arrojándose a las vías del metro - las escenas aquí son simplemente delirantes -, pero ello también le sale mal.

En medio de esa ciudad perfecta - tan limpia, pero tan gris a la vez- , donde todo el mundo vive feliz en pos del consumo y donde no hay niños que griten ni problemas que resolver, Andreas cree ser el único que extraña el sabor de la vida hasta que conoce a Hugo, un hombre que guarda un secreto en el sótano de un edificio: un agujero en la pared por donde se escucha una lejana melodía. Curioso, Andreas comienza a cavar un túnel hasta el otro lado, y pronto se escuchan risas de niños y se sienten olores exquisitos. ¿Que hay del otro lado? ¿Se trata acaso del mundo real que Andreas extraña?. Cuando está a punto de cruzar al otro lado - lleno de colores, sabores y aromas - , unos agentes lo atrapan y lo envían de vuelta - como a un exiliado - al misterioso autobús desde el cual llegó a la ciudad. En medio del viaje - nuevamente a no sabemos dónde - Andreas se baja a medio camino, esta vez, en medio de la nada.
"Den Brysomme Mannen" es la mirada ácida a una sociedad de consumo, en que los valores sólo existen en el precio de las bienes materiales y en donde no hay espacio para las emociones. La felicidad y el éxito es el único fin de la vida y sino se tiene entonces hay que aparentarla. Notable es la escena en que Andreas le dice a su mujer que la va a dejar y ella - sin inmutarse - responde que el sábado tiene invitados y que la deje después de ese día . Tal como dice el propio Lien "Esta película es para mí un retrato de una sociedad que ha perdido algo. Un lugar en el que todo funciona, pero las emociones están ausentes, olvidades completamente".

Cuando muchos de nosotros nos sentimos presionados por el alcanzar el éxito y creemos que el sistema nos absorbe entonces sólo cabe parar un momento y disfrutar de los placeres simples de la vida. Como ir al parque con un libro bajo el brazo y sentarse a leer bajo un árbol. O viajar hasta la orilla del mar y una vez allí, respirar tan profundo hasta sentirse renovado o simplemente disfrutar de una exquisita cena con un buen vino acompañado de tu pareja y el disco perfecto. Esta es nuestra naturaleza humana, esto es el sabor de la vida y por suerte - y a diferencia de Andreas - , no lo perderemos nunca.


viernes, 20 de noviembre de 2009

El Juego Favorito


"Quisiera poder decir todo lo que haya que decir en una sola palabra" dice el alter ego de Leonard Cohen en "El Juego Favorito". Antes de convertirse en músico, el canadiense dedicaba sus ratos libres a la poesía hasta que a principios de los ´60 comienza a publicar algunos libros. Es aquí cuando aparece "El Juego Favorito" (1963), novela que lo consagró en los círculos literarios como la versión canadiense de "El Guardián en el centeno", de J.D Sallinger.

Novela de aprendizaje, narra la adolescencia y juventud de Lawrence Breavman, desde las aventuras en su natal Montreal junto a su inseparable amigo Krantz hasta su escape a Nueva York, cuando encuentra - después de muchos intentos fallidos - la mujer de sus sueños. Odiando todas las cosas que suceden entre el comienzo de una frase y su fin, Breavman lucha contra una ansiedad que lo envuelve cada vez que una chica lo provoca y que a veces cree, lo convierte en mago: "Quiero tocar a las personas como un mago, para cambiarlas o herirlas, dejar mi marca, volverlos hermosos. Quisiera ser el hipnotizador que no se arriesga a dormirse a si mismo". "El Juego Favorito" es el manifiesto de la pasión por la vida, minuto a minuto, encontrando la belleza en las cuestiones más cotidianas y la verdad en los momentos más convulsivos.

Si Spanbauer narra con una brutal simpleza las hazañas de su alter ego Rigby John Klusener en "Ahora es el Momento", lo que Cohen hace con Breavman es lanzarnos una brutal poesía del destino, de la verdad a la vuelta de la esquina, de noches y madrugadas de un hombre que desea con una fuerza arrolladora y que huye del aburrimiento que la nada le provoca. La magia existe y sólo hay que buscarla, en cada piel acariciada, en cada callejón vacío, en cada gota de licor derramado.

"El silencio comenzó. La cama se convirtió en una prisión de alambres electrificados. El no podía bajarse, ni siquiera moverse. Lo carcomía la idea de que ahí debía estar, precisamente en esa cama, vendado de silencio. Era lo que merecía, todo lo que era capaz de hacer".

La prosa de Cohen en "El Juego Favorito" es la conjugación de una extraordinaria poesía que se deja ver desnuda en cada palabra y que se oculta en los pensamientos de un protagonista que percibe al mundo con vehemencia. Tal como ocurre con su música, aquí hay muchos momentos donde Cohen parece robarnos las palabras, hasta convertirlas en pequeñas piezas de arte. Este es el juego favorito de un hombre que sabe que la vida hay que vivirla como si fuese el último día. Carpe Diem.




viernes, 13 de noviembre de 2009

La pasión de Jeff Buckley

Descubrí a Jeff Buckley en 1995 en pleno auge del rock alternativo a través de un video clip emitido por el programa Nación Alternativa en MTV (cuando por ahí pasaban videos), el video en cuestión era "Grace". Quedé impresionado de la pasión e intensidad de la voz del hasta entonces para mí desconocido cantautor y de la interpretación en aquella canción que te podría hacer llorar. Pasaron los años hasta que en un especial de radio pude escuchar por completo su album Grace (1994), descubriendo otras joyas como la hermosa tristeza de "Lover, you should 've como over", y la emocionante "Last goodbye"", con letras como "este es nuestro último adiós, odio sentir que el amor que hay entre nosotros muera, pero ya es tarde, sólo escucha esto y entonces me iré, me diste más para vivir, más de lo que tu nunca sabrás".



Siendo una obra de diez canciones que hablan de la soledad y la pérdida, interpretadas con una extraordinara sensibilidad - a través de melodías ciertamente optimistas -, no cabía duda que Grace se convertiría en un clásico. Pero en mayo de 1997 Jeff Buckley desaparecía en extrañas circuntancias en las profundidades del río Missisipi a la edad de 30 años. Ese río, donde antes corría la sangre de los primeros bluesman - aquellos que luego de agotadoras jornadas bajo un intenso sol en los campos de algodón, se reunían a cantar lo que su alma les gritaba -, se llevaba al hijo de Tim Buckley, un músico californiano que murió incluso más joven - a los 28 años por sobredosis -, de quien Jeff alguna vez dijo "Yo no lo conocí, escogió otra vida. Mi voz ha sido la misma de todos los hombres de la familia". Por eso, cuando en una entrevista se le preguntó por sus influencias aclara "Mis raíces musicales vienes de mi madre y de mi padrastro. A los 9 años, él me regaló mi primer disco de rock, "Physical Graffiti" de Led Zepellin. Entonces me gustaba The Who, Jimi Hendrix, Pink Floyd...a los 16 años escuchaba a Edith Piaf. Luego descubrí a los Bad Brains y a Robert Johnson. Los adoré simultáneamente. Mi música debe ser la culminación de todo lo que amo. En mi fase Miles Davis aprendí que si quieres rendir tributo a tus héroes debes crear tu propio estilo". Ese particular estilo que lograría reflejarlo en Grace - su único album de estudio editado en vida - lo veríamos también en el póstumo Sketches for My Sweetheart the Drunk (1998), el cual se disponía a comenzar a grabar junto a su banda en Memphis al momento de su muerte.


Capaz de cantar con el alma, recuerdo que sus canciones me acompañaron en intensos momentos durante mi paso por la universidad. La desgracia de su partida, nos dejó sin uno de los más talentosos músicos del último tiempo, cuyas obras llenas de nostalgia nos estremecerán por siempre. Su influencia en la música, es comparable ahora a la dejada por míticos cantautores como Nick Drake y se puede apreciar en toda una generación de músicos. Jeff decía "lo que quiero conseguir es meterme bajo la piel de los que escuchan mis canciones". Grandioso.

jueves, 5 de noviembre de 2009

If I Were a Carpenter

Fue a través de un disco tributo que nació mi interés en la música de The Carpenters. "If i where a Carpenter" de 1994 era un álbum donde bandas como Sonic Youth - que destacan con su elegante versión de "Superstar" -, The Cranberries, Cracker, American Music Club y Grant Lee Buffalo revivían sus grandes clásicos.

Dúo integrado por los hermanos Karen y Richard Carpenter, formados en 1969 y desaparecidos en 1983 - tras la muerte de Karen -, su música se mantiene arraigada en la cultura norteamericana. Si el blues y el folk son el espíritu de la américa profunda y el funk junto al hip hop son la sangre de los guettos, el sonido The Carpenters y su influencia son la banda sonora de los suburbios, de la clase media norteamericana.

Durante los ´70, cuando alguien se sentaba frente al televisor a ver series como Ángeles de Charlie, o durante las noches se acostaba a leer un libro de Philip Roth junto a una copa de Martini, la música The Carpenters estaba siempre ahí. Es el sonido de una urbe sin tráficos ni contaminación, de una ciudad que se mueve y se ilumina a la melodía de sus brillantes canciones.

Escuchar ahora la hermosura de temas como "Close to you", "Yesterday Once More", "Superstar", o "Goodbye to love" nos purifica el alma. La angelical voz de Karen Carpenter acompañada de exquisitos arreglos orquestales - muchas veces de la mano de Burt Bacharach -, reflejan una pureza de estilo inigualable, alejada de cualquier pretensión. Algunos podrán acusar a los hermanos Carpenter de ser una máquina de hits, pero de lo que realmente son culpables es de haber creado canciones que sigan trascendiendo en el tiempo.




Escribo este post escuchando los aires bossa de "This Masquerade" junto a mi mujer - otra fan de The Carpenters -, recordando nuestras primeras incursiones en el sonido de estos genios de la canción, cuando por el invierno del 2003 encontramos uno de sus discos en una sección de descuentos. Suena ahora "Only Yesterday" y la magia del momento continúa tan viva como aquel atardecer de invierno.

viernes, 30 de octubre de 2009

Noche, música e inspiración


Me siento en la terraza de mi departamento a contemplar la inmensidad de la ciudad en esta calurosa noche de Octubre. Junto a una fría copa de sauvignon blanc, llevo conmigo algunos discos que me inspiran este momento.

Una suave brisa comienza a correr y pienso en las imágenes del exquisito video clip de ese tema de Chris Isaak llamado "Wicked Game". La pasión y la perfección en blanco y negro. Juegos peligrosos en la arena. La sensualidad en estado puro. Caricias, miradas que penetran y que luego se arrancan. El cielo convertido en una playa con Helena Christensen.



Después de FSOL, encuentro un disco de los Pet Shop Boys y recuerdo que también abundan los juegos peligrosos en "Being Boring". Cuerpos desnudos y mucha espuma. Modelos, artistas, adolescentes excéntricos y animales preparándose para la noche. El baile comienza y será el triunfo de muchos. Otros prefieren quedarse enredados. NewCastle era una fiesta.



Aparece el Listen Without Prejudice Vol. 1 de George Michael y subo el volumen con "Freedom 90". Pies descalsos, mucho vapor y modelos exquisitas. Pasillos y rincones por explorar. La intensidad sube y un wurlitzer explota. La temperatura aumenta y se vuelve fuego. Nadie puede apagar esa pasión que los envuelve.



Un viejo cassette de Whitesnake me trae a las manos un temazo: "Is This Love". Un sensual baile como la mejor arma. El deseo clavado como una espina. Piernas largas que esperan el reencuentro. La noche de un rockero sumergido en la piel de una mujer. Guitarras convertidas en las extensiones de sus cuerpos.



Después de R.E.M, Nick Drake y Jeff Buckley, Peter Murphy aparece entre los discos en el momento preciso de cerrar la noche con el clásico "A Strange Kind of Love". Mágica nostalgia de un pasado. Las miradas que se cruzan por primera vez. El momento en que el deseo se hace carne. Como cuando no queremos que esa locura termine. Cuando la noche es tan perfecta - como ahora - que el amanecer se torna innecesario. No broken hearts.

viernes, 16 de octubre de 2009

Dulce criatura nocturna

Déjenme contarles una historia. En un frío pueblo de Suecia, Oskar, un tímido preadolescente de 12 años, es acosado por los matones de la escuela. Cada día, de vuelta a su hogar, sueña con vengarse de todos. Una noche, en medio del parque, repentinamente aparece una niña - llamada Eli - que vive al lado. "No puedo ser tu amiga, así son las cosas" le dice Eli a Oskar, mientras en otro lugar un hombre asesina a otro en medio del bosque para colgarlo y recolectar su sangre. Poco a poco, noche a noche, los chicos se van haciendo amigos hasta que Oskar confiesa que lo maltratan en la escuela, pero que no puede defenderse. Eli entonces promete ayudarlo pero el misterio comienza a inquietar a Oskar, ¿porqué ella sólo aparece de noche?.

En un momento, en que Oskar se corta la mano y le ofrece a Eli que haga lo mismo - como un pacto de sangre -, la verdad se revela cuando ella se lanza desesperadamente al suelo a beber la sangre derramada. Devoradora de sueños, Eli posterga su sed a cambio de un beso, aunque a veces, mira a Oskar con tal fuerza que lo confunde como a una presa. Pero no se equivoquen, esta dulce criatura nocturna no es protagonista de Crepúsculo, ni siquiera esta historia es de vampiros, aunque ella lo sea . Hablo de la hipnótica, íntima y oscuramente bella película del director sueco Tomas Alfredson del 2008 titulada "Let the Right One In".


Esta es la fría e ingenua intimidad de dos preadolescentes en un mundo que no les pertenece, pero que intentan hacerlo suyo a costa de muerte y destrucción. Una complicidad que inunda los rincones más oscuros del alma y que huye de la soledad con una pureza que ilumina cada cuerpo desangrado. Aquí los temores de la juventud se presentan como una oportunidad en la hora más insospechada. Bergman reconfigurado en cine de género: la hora del lobo en clave adolescente.

La dosis justa, en el momento preciso, antes que la heridas se abran. Esto es lo que contiene este film donde las víctimas no son los adultos consumidos, sino un par de chicos que comienzan a explorar los juegos de la vida, en busca de su propia escencia. Una metáfora a la naturaleza del hombre, a los cambios que nos afectan en esa temprana etapa de la vida, en que nos sentimos extraños, diferentes, cuando nuestros cuerpos cambian y afloran deseos insospechados. "Let the Right One In" es eso, más corazón que sangre, la tristeza, el primer beso y el silencio.




jueves, 8 de octubre de 2009

Ciudades, videos y canciones

La música no sólo responde a emociones, sino también a lugares. Y esos lugares a veces se nos vienen a la cabeza simplemente porque están perfectamente retratados en los video clips de esas grandiosas canciones.

LONDRES. El metro, los clásicos buses rojos y el Big Ben. Tiendas con sus cortinas metálicas cerradas y vagabundos buscando el día. Congestión peatonal en los paseos. Barrios industriales abandonados. El puente Torre sobre el Támesis. Neil Tennant y Chris Lowe caminando por sus calles mimetizados entre la muchedumbre, mientras la niebla aún no abandona la ciudad. West End Girls (1985), Pet Shop Boys.


PRAGA. Callejuelas, el río Moldava, cisnes de cuello blanco. La vieja plaza Staromestske y más allá el gran Castillo. Michael Hutchence atravesando el parque en una fría mañana de otoño. Un saxo suena desde el antiguo cementerio judío. Alguien lo espera en el Puente de Carlos. "Te dije / que podríamos volar / porque tenemos alas ". Never Tears Us Apart (1987), INXS.



BERLIN. La puerta de Brandenburg y la majestuosa Lady Victory. Por allá la Torre de TV. Grandes avenidas que hacen fluir la sangre de una ciudad que se vuelve a levantar. Interminables bloques de departamentos. Bono y otros ángeles caídos observando a los hombres y mujeres que se recuperan poco a poco de las heridas de una época. "Sólo el golpe y el estrépito / cuando un ángel se estrella contra el suelo". Stay (Faraway So Close) (1993), U2.




NEW YORK. Grandes avenidas. Tráfico. Una mañana cualquiera en busca del periódico. Barrios sucios, grafittis y paranoia. ¿Calles sin salida?. Bowie escapando de Reznor. Rostros sospechosos y niños jugando. Otra vez la persecución. NYC Taxi. Cae la noche en la ciudad y con ella la locura parece desaparecer. Johnny's in America. I'm Afraid Of Americans (1997), David Bowie.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Chesil Beach


Una tarde pasé por Metales Pesados - para mí la mejor librería de Santiago - para comprar la última novela de Ian McEwan, "Chesil Beach" (2008), cuando para mi sorpresa Sergio Parra - uno de sus dueños - me obsequia una entrada para la conferencia que McEwan daría en la Universidad Católica. Mi plan - como el de muchos - era asistir con esa novela bajo el brazo para volver triunfante con su autógrafo, pero el sistema "literalmente" jugó en mi contra y estando a pasos del evento, no pude asistir.

La extraordinaria "Chesil Beach" es una novela que se devora de un tirón porque su intensidad no baja nunca y nos mantiene cautivados en cada página. A principios de los '60, Florence y Edward, una pareja de recién casados, va a pasar su noche de bodas a un hotel de Chesil Beach. Ambos son inexpertos en las artes del sexo y temen que cualquier estupidez eche por tierra esa mágica noche. Con cada hora que pasa, las expectativas de Edward crecen mientras que a Florence la embriaga un terrible sentimiento. Cuidando cada detalle, gesto y movimiento, la joven pareja intenta materializar el trascendental acto y a punta de ensayo y error, algo ocurre que hace que el momento no llegue nunca: lo que para él es el placer, para ella es la tortura.

"Ella se incorporó sobre un codo para verle mejor la cara y los dos sostuvieron la mirada del otro. Era todavía para ellos una experiencia nueva y vertiginosa, mirar durante un minuto seguido a los ojos del otro adulto sin contención ni vergüenza. El pensaba que era lo más cerca que habían estado de hacer el amor. Ella le sacó de la boca la brizna de hierba"

Pasiones que chocan y que no logran volverse carne. Como una novela de Murakami sin sexo. Florence y Edward, el ansia y la repulsión, el deseo y la frugalidad, el impulso y la retención, el hambre y la inapetencia. Todo y nada a la vez. Una paciencia que desespera y duele ante tamaño desastre: esa palabra que a Florence la devolvió a la inmunda escena en el dormitorio, la tibia sustancia que se secaba en su piel hasta formar una costra crujiente.

Un descubrimiento inesperado en la noche más inmensa. Las olas de una playa que revientan con cada estocada. Un fraude que se revela sin monedas, pero que en cada detalle grita. "No pienses en temas, piensa en detalles" dice McEwan en una entrevista siguiendo un consejo de Nabokov. Autor de otras obras como "Amsterdam" (1998), "Expiación" (2001) - la cual fue llevada magistralmente al cine en 2007 por Joe Wright, director de otra grande: Orgullo y Prejuicio - y "Sábado" (2006), McEwan acaba de anunciar la adaptación de "Chesil Beach" al cine bajo las cámaras de Sam Mendes ("American Beauty", "Revolutionary Road"). La novela - tal como el cine - es el mejor espejo para mirarnos.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Hombre mirando al Sudeste

Después de casi diez años, volví a ver la fascinante película "Hombre mirando al Sudeste" (1986) del director argentino Eliseo Subiela. Esta obra cinematográfica es una metáfora que cuestiona nuestra existencia como seres humanos a través de la historia de un hombre llamado Rantés que llega a un hospital psiquiátrico y dice venir de otro planeta. "¿Como llegó acá?" le preguntan y el responde "¿A la tierra? En una Nave".

La clave de este film, montado con simples recursos técnicos y estéticos, está en el fondo del mensaje que el paciente volador no identificado - como denominan los médicos al visitante - quiere trasmitir: "somos réplicas humanas perfetas, salvo por una cosa. No podemos sentir". Su enigmático origen y comportamiento, es especial su impostergable parada mirando al sudeste en el jardín del hospital todos los días a la misma hora, hace que el Dr. Denis - su médico tratante - cuestione los métodos científicos y se obsesione con su caso. En un momento él le dice "Rantés, usted está enfermo. Yo soy médico quiero curarlo, eso es todo" y Rantés responde "Yo no quiero que me curen. Quiero que me entiendan".

Muy pronto, Rantés se transforma en líder entre los pacientes y todos comienzan a seguirlo. Como una especie de Mesías, se encarga de curar las heridas psicológicas de sus compañeros y hace del pasar de los días, una experiencia feliz para todos. "Yo soy más racional que ustedes. Responde racionalmente a los estímulos. Si alguien sufre, lo consuelo. Alguien me pide ayuda, se la doy. Si alguien me habla, lo escucho". Una mujer llamada Beatriz aparece y dice conocerlo. ¿Porqué se cambia los zapatos cada vez que lo visita?.

Las situaciones y diálogos entre paciente y médico se hacen cada vez más reveladores y el Dr. Denis se pregunta cómo es que alguien que dice no poder sentir tiene tanta bondad hacia el resto. Es así que en una de las escenas más intensas Rantés explota y dice "Porqué no dejan la hipocresía y buscan la locura de este lado y se dejan de perseguir a los tristes de espíritu". Al fin, las antenas de Rantés y el Dr. Denis se sintonizan y se hace evidente en la memorable escena del concierto al aire libre con la Sinfonía n.º 9 de Beethoven, "El himno a la alegría", en donde Rantés toma inesperadamente la batuta y comienza de forma salvaje a dirigir a la orquesta, provocando el fervor y la locura de todo el público y lejos de allí, de la de sus compañeros del psiquiátrico.

"Doctor, porque me abandona" - una vez más aquí hay referencias bíblicas, cuando Dios abandonó a Jesús en la cruz - dice Rantés en una de las escenas finales del film y es aquí que nos damos cuenta - una vez más - de la estupidez humana. Nos creemos racionales pero muchas veces no somos capaces de hacer o decir lo que pensamos o engañamos nuestros sentimientos hiriendo a los demás. Una hermosa locura - como esta película - me convence de que todos estamos equivocados.


miércoles, 9 de septiembre de 2009

Ese rock que se creía alternativo (I)

En una fecha tan particular como hoy - nueve del nueve del nueve - se me vienen a la cabeza los acontecimientos musicales del año 1999, cuando las radios, canales como MTV o la prensa especializada hacían sus balances o listas de lo mejor de esa década. Sin duda, los exponentes del llamado rock alternativo destacaban por sobre todo el resto y era el grunge el que se llevaba las mejores posiciones.

Me pregunto si la decadencia del grunge a mediados de los noventa fue verdaderamente producto de la muerte de Kurt Cobain o - que es lo mismo - si Nirvana significaría hoy lo mismo sin la desaparición de su líder. Como sea, en 1991 los de Seatle nos gritaban en Nevermind que el aire olía a espíritu adolescente y que ya era hora de despertar y cantarle al mundo lo que sentíamos.



Creo que la emisión del - ya clásico - Unplugged de Nirvana por MTV marcó el antes y después del grunge. La interpretación que Cobain hace del tema "Where did you sleep last night" de Leadbelly emociona hasta las lágrimas. Con una fuerza desgarradora, nos damos cuenta ahora que a través de este tema Cobain nos anunciaba - concientemente o inconcientemente - su partida. Quizás, el único momento de esa magnífica serie Unplugged que supera a lo hecho por Nirvana es lo que hace Alice In Chains con la profunda e intensa interpretación de "Rooster". La atmósfera casi mística que Layne Stanley - muerto por sobredosis en 2002 - y compañía lograron en esa oportunidad no se volvió a ver nunca más. Recuerdo que conocí a los Alice In Chains por su aparición en la película Singles (1992) - toda una radiografía de la escena grunge dirigida por Cameron Crowe - en una magnífica escena donde interpretan en vivo "It ain't like that" y "Would" en un bar. Sus discos estuvieron siempre al borde del abismo, con momentos de decadente belleza - como en "Down in a Hole" - y otras veces de oscura intensidad - como en "Again" -.



Otras bandas - siempre de Seatle - ya venián incursionando mucho antes que Nirvana en un circuito más underground. Aquí aparece Soundgarden - banda que saca su primer EP en 1987 y que también tiene un cameo en Singles - con discos tan potentes como Louder Than Love (1989) y Badmotorfinger (1991). Si Alice In Chains era la versión oscura del grunge, Soundgarden era la versión más heavy. La inconfundible voz de su líder Criss Cornell supera a cualquier otra dentro del movimiento y junto a su banda logran uno de los mejores discos de la década: Superunknown (1994), con temas como "Black Hole Sun", "Fell On Black Days", "Spoonman" o "The Day a tried to Live".



Pearl Jam - también con cameo en Singles, era que no - es un caso aparte, pues aún cuando es la única banda de la corriente que sobrevive hasta hoy, su carrera es irregular. Dignos clásicos son sus álbumes Ten y Vs y otros como Vitalogy pero a finales de esa década comienzan a producir discos que parecen sólo cumplir con los contratos y que pierden la fibra que los hizo grandes en un principio hasta volverlos simples activistas. A propósito de Pearl Jam, los personajes de Beavis & Buthead bromeaban - en su serie transmitida por MTV - del parecido de la voz de Scott Weiland de los Stone Temple Pilots con la Edie Vedder de Pearl Jam, aludiendo que Weiland era una simple copia de Vedder, sobre todo por su interpretación en la potente "Plush" del disco Core (1992). Creo éste álbum junto a Purple (1994) lograron extraer desde el fondo de su médula las máximas posibilidades de la corriente, pues conjugaron distintos géneros, siendo todo y nada a la vez: ahí esta con aires western la flamante "Interstate Love Song", las convulsiones hardcore de "Sex Type Thing", la profunda tristeza de "Creep" o "Big Empty", los coqueteos noise en "Lounge Fly" o la heavy electricidad de "Plush".




El proyecto Mad Season, formado entre otros por Layne Stanley y Mark Lanegan - por ese entonces vocalista de Screaming Trees y ahora convertido en todo un cronner hasta ser comparado con Tom Waits - nos sorprendió en 1995 con el disco Above, una mezcla perfecta entre grunge y blues, con notables temas como "River of Deceit","Wake Up" o "Lone Gone Day". Otro supergrupo, surgió en la primavera del grunge cuando miembros de Soundgarden y Pearl Jam se unen en 1990 en el proyecto paralelo Temple Of The Dog para dar tributo al desaparecido Andrew Wood, vocalista de la seminal banda Mother Love Bone. "Hunger Strike" es un temazo que suda la escencia misma del grunge, una obra que emociona y que sigue inspirando a generaciones y la tremenda "Call me a Dog" es una inyección que hace reventar nuestras heridas ocultas.

sábado, 22 de agosto de 2009

Reconstruction

Una especie de mago aparece al principio del film y me pregunto cual es su significado. Mientras, una voz en off comienza a narrarnos una historia - "Empezemos así, no es el comienzo" nos dice - donde un hombre (Alex) entra a un bar y ve a una hermosa mujer (Aimée). ¿Se conocen?. ¿Es esto el principio o el final?. El hombre se acerca a la mujer y le pregunta "¿vienes conmigo a Roma?". La voz en off concluye "Se que no debo mencionarlo. Esto es un film, una reconstrucción, no obstante, duele".

"Reconstruction" (2003), dirigida por Christoffer Boe es una flamante película donde la magia está presente todo el tiempo. Con un montaje tan bello como poético, es una obra tan onírica que hasta los personajes creen estar viviendo un sueño - "se que eres mi sueño y que yo soy el tuyo" le dice Alex a Aimée - en medio de los bares y calles de Copenhague. Alex es fotógrafo y tiene una novia llamada Simone -con un extraordinario parecido a Aimeé - mientras Aimée es la esposa de un exitoso escritor llamado Auguste. El primer encuentro de los amantes ocurre en un andén del Metro, donde tanto Alex como Aimée se quedan observando a un mago - el mismo que aparece al principio del film y que después nos damos cuenta que se trata de una metáfora -. En un momento sus miradas se cruzan - creo que esa escena es tan notable como lo son los memorables encuentros de los personajes de Jude Law y Natalie Portman en "Closer" y de Brad Pitt con Claire Forlani en "Conoces a Joe Black" - y desde ahí todo se vuelve confuso, tanto para los propios personajes como para nosotros, en una construcción que por momentos tiene aires lyncheanos pero que está sumergida todo el tiempo en una atmosfera muy intimista, clásica en su esencia pero innovadora en su forma.

Lo inevitable ocurre y el deseo entre Alex y Aimeé se hace carne. Auguste descubre el affair de su mujer pero no dice nada. ¿Porqué parece que sabía con anticipación lo que ocurriría?. A poco andar descubrimos que es el propio Auguste el que va construyendo - ¿0 destruyendo? - en su novela la historia en torno a los amantes que se encuentran y desencuentran. Mientras Alex trata de seguir paralelamente con su vida su casa ya no existe, sus amigos, novia y familia no lo conocen y su desconcierto es total ¿Acaso todo es realmente un sueño?. ¿Acaso Aimeé no existe?. En una ultima cita, Alex llega tarde y pierde a Aimée. Acto seguido se reencuentran pero Alex duda ¿Acaso se reencontraron de verdad?. Luego se ve que Aimée va tras Alex - si voltea ella desaparecerá nos advierten - hasta que él voltea y ella ya no está. La mujer se ha ido. La risa se ha detenido. Pero el hombre sigue allí. Totalmente solo.

Tal como en las películas de David Lynch, con "Reconstruction" podríamos hacer miles de especulaciones sobre los motivos de Boe para hacer el film o del mensaje que nos quiere entregar. Como sea, lo cierto es que sabemos que la vida sólo se trata de tomar decisiones - buenas o malas - y que esas decisiones nos marcan para siempre. Dudar por un segundo en hacer o decir algo puede marcar la diferencia entre nuestra felicidad o el absoluto fracaso. ¿Acaso existe alguien que no esté arrepentido de algo que tuvo la oportunidad de hacer pero que no hizo?. La magia de la vida - y por supuesto del amor - esta al otro lado de nuestras decisiones. Saberlo y no aprovecharlo - tal como en este film - sólo duele.

sábado, 15 de agosto de 2009

Lluvia, música e inspiración.

Llueve intensamente en Santiago y en la radio suena un tema del ex lider de Soundgarden Chris Cornell. No conozco el nombre de la canción pero no importa, porque lo que vale en este momento es el fondo, no la forma. Tal como me pasa con las películas, existen momentos y momentos para escuchar una canción o un disco completo y la lluvia siempre me inspira a ello. Gracias a mi colección de cd's - y también de mi orgullosa y clásica colección de cassettes - mis posibilidades de elección son infinitas.

Los ánimos que me trae la lluvia de esta mañana me llevan de vuelta a Soundgarden con el flamante álbum Superunknown con temas como el oscuro "Fell On Black Days" y el intenso "The Day I Tried To Live" - uno de los temas más ilumidamente depresivos de la era grunge -. Me llegan tambien las imágenes en blanco y negro de los videoclips de otros temazos de la misma era como "Creep" de los Stone Temple Pilots, la hermosura de "Disarm" de los Smashing Pumpkins y por supuesto el exquisito "High and Dry" de Radiohead. Es así que discos de los '90 para sumergirse por completo esta tarde serían Automatic For The People de R.E.M - "Drive", "Everybody Hurts", "Man On The Moon" -, The Bends de Radiohead - "Fake Plastic Trees", "(Nice Dream)", "Street Spirit"- y Urban Hymns de The Verve - "Bitter Sweet Symphony", "Sonnet", "Lucky Man"-.

La lluvia sigue y pienso también en la música de David Sylvian donde su álbum Dead Bees On a Cake - con temas como "I Surrender" y "Wanderlust" - es un excelente aperitivo y desde ahí es inevitable pasar al jazz. Es que el tempo del jazz parece reflejar el ritmo con que cae la lluvia a veces suave, otras veces mas intensa y el saxo es un instrumento que nos transporta siempre a otro lugar. El hipnótico In a Silent Way (1968) de Miles Davis o su Kind of Blue - del cual hace poco se cumplieron 50 años con una edición especial- son perfectos como también lo pueden ser inmurables otros clásicos del jazz como Charlie Parker, Dizzy Gillespie , Ornette Coleman o Thelonious Monk.

De repente la lluvia para y es el preciso momento de escuchar el grandioso Astral Weeks (1968) de Van Morrison - cuyo cassette encontré algunas años atrás en un cajón de descuentos -. La pureza con que Morrinson interpreta cada tema del disco es una dosis de pura naturalidad, un folk que nos llena el alma. Mas contemporáneos, la camada americana de neo folk liderada por bandas como Smog - con el fabuloso Red Apple Falls a la cabeza -, American Music Club, Lampchop o Giant Sand son los acompañantes para una tarde echados en el sofá junto a una copa de vino.

Va cayendo la noche, miro por la terraza de mi departamento y veo al fin una ciudad limpia que se ilumina por kilometros. Es aquí cuando me invaden las ganas de una buena dosis electrónica: 808 State y su "Pacific State", Orbital con "The Box", The Orb con "Asylum" y Howie B con "Angels go Bald:Too". Sigo escarbando en mis discos y encuentro el Colours de Adam F - un exelente ejercicio de drum's and bass - y el Iaora Tahiti de los alemanes Mouse On Mars. Mi mujer llega, cenamos, y nos vamos a la cama junto a un disco de George Michael. Suenan "Cowboys And Angels" y "Praying for Time". El final de este lluvioso día no podía ser mas perfecto.

viernes, 7 de agosto de 2009

En el camino de Kerouac


Comencé a leer novelas en mis últimos años de universidad, por allá en el 2000. Antes, leer cualquier libro - siempre por temas académicos - me parecía aburrido y sentía que el acto de la lectura estaba reservado sólo para viejos. Mi apetito por los libros fue resultado de un proceso que se gatilló más o menos como sigue. Ocurrió que la potente "Born to Be Wild" del grupo Steppenwolf, me llevó a ver la película "Easy Rider" (1969) de la cual formaba parte en su banda sonora. Dirigida por Dennis Hopper y protagonizada por él mismo, Peter Fonda, y Jack Nicholson - la leyenda dice que Nicholson era en realidad uno de los productores pero la suerte hizo que debutara como actor -, esta road movie tenía como fuente de inspiración la novela "En el Camino" (1957) de Jack Kerouac. El salto a su lectura fue inmediato. En un par de semanas, me había devorado una novela al ritmo del jazz que me mostró un mundo insospechado. La literatura se había transformado para mí en un mundo fascinante.

Ahora, a casi diez años volví a leerla, pero esta vez en la versión original titulada "En la Carretera. El rollo mecanografiado original". Esta versión mas larga, es la fiel transcripción del texto original que Kerouac escribió a lo largo de tres semanas en 1951. Los nombres de los personajes aquí se descubren con sus nombres reales: Sal Paradise es el mismo Jack Kerouac, Dean Moriarty es Neal Cassady, Carlo Marx es Allen Ginsberg y Bull Lee es William Burroughs. La generación beat en pleno. Los cuatro jinetes de la contracultura. Los hijos de la carretera norteamericana del jazz.

El viaje que Kerouac y compañía emprenden una y otra vez por la América de principios de los '50 y que esta novela retrata a la perfección, es la búsqueda de la identidad de una generación que desea escapar del vacío de la posguerra. Sienten que la vida está allá afuera y que hay que salir a buscarla. Así, la carretera se transforma en la vía de escape de sus emociones, deseos o angustias, que depositan en cada ciudad que visitan o que prometen a cada mujer que conquistan. Cada lugar, cada aventura, contiene algo de la magia que buscan. Los cuartos sucios se transforman en templos y los bares en sitios de peregrinación. El alcohol como catalizador, el jazz como espíritu y el sexo como la vacuna contra la soledad. Unos pocos centavos, algunos kilómetros y una nueva historia.

"De súbito tuve una visión de Neal: un ángel ardiente, trémulo y aterrado que palpitaba hacia mí a lo largo de la carretera, acercándose como una nube, a velocidad meteórica, persiguiéndome como el Desconocido Amortajado, cayendo sobre mí en la llanura. Vi su rostro enorme, su lunático y firme propósito y sus ojos fulgurantes. Vi sus alas. Vi su viejo carro de guerra destartalado, con las miles de llamas vivas que irradiaban de él. Vi el rastro quemado que dejaba en la carretera; incluso iba abriendo su propio camino a través del grano, a través de las ciudades, destruyendo puentes, secando ríos..."

"En el Camino" la gracia está siempre fuera del establishment. Kerouac y sus amigos son los chicos malos, los rebeldes sin causa. El mañana es incierto, pero eso no importa, porque la improvisación es su lema - como en el jazz - y todo lo que tenga que suceder, sucederá. Y así fue escrita, de forma espontánea, por un Kerouac que al ritmo del be bop, plasmó frenéticamente en un rollo de cientos de metros las experiencias que acumuló en sus viajes en búsqueda de la verdad. Esa verdad que se transformó en la biblia de toda una generación.

viernes, 24 de julio de 2009

Mi orilla intranquila


¿Es posible que la letra de una canción traspase la piel hasta darte escalofríos?. ¿Es posible que la belleza de una poesía te congele el cuerpo?. Respondo que sí a la primera pregunta dando como ejemplo "Perfect Day" de Lou Reed o "Creep" de Radiohead y respondo que sí a la segunda recordando la poesía de "Hojas de Hierba" de Walt Whitman, "La Tierra Baldía" de Thomas Stearn Eliot o "Las Flores del Mal" de Charles Baudelaire. Pero conjugar ambas formas - música y poesía - en una expresión muy simple de belleza parecía para mí imposible antes de conocer a los Héroes del Silencio.

La desaparecida y más grande banda de rock española, liderada por Enrique Bunbury -una especie de Jim Morrison hispano - cultivaba en sus canciones poesía pura. Con sólo cuatro álbumes de estudio - El Mar no cesa (1988), Senderos de Tradición (1990), El Espíritu del Vino (1993), y Avalancha (1995) - conocí la música de los Héroes del Silencio con el potente single "Entre dos tierras" sonando constantemente en las radios. Con el tiempo las canciones siguieron llegando y su poesía se transformó - tal como dice uno de sus temas - en mi orilla intranquila.

"He oído que la noche es toda magia /y que un duende te invita a soñar"..." Amanece tan pronto / y yo estoy tan solo / que no me arrepiento de lo de ayer / Las estrellas te iluminan / te sirven de guía / te sientes tan fuerte que piensas que nadie te puede tocar" (Maldito Duende).

"Y el mordisco lo dan otros / el día se ensangrenta / las miradas de criminales / a grandes razgos / podrías ser tú. "... "El mendigo siempre a tu lado / tu compañero de viaje/ cuando las estrellas se apagen/ tarde o temprano / también vendrás tú"... "Y duerme un poco más / los párpados no aguantan ya / luego están las decepciones cuando el tiempo no parece perdonar." (Sirena Varada).

"Que hay en dos amigos / cuando después de todo / parecen perdidos y prefieren a otros "... "Quien decidió alejarse de su orilla intranquila / tan siquiera un instante / piensa en esos días"..."Que demonios ocurre / cuando miradas no se encuentran" (La Herida).

La cumbre de la poesía de los Héroes del Silencio se encuentra en la tremenda "Con nombre de guerra". En su letras, Bunbury narra el ultimo encuentro con una prostituta en donde una profunda pasión desplaza cualquier rastro de placer pagado: "Dejo en tus manos lo que hemos acordado/ la lluvia de hace un rato / ahora solo necesito descansar / Y dejemos que los sueños se apoderen del deseo / recordemos que lo nuestro / se me olvidará el momento". La canción avanza y se hace más evidente el dolor ante una despedida que anuncia más que el fin de una simple cita: "Y dejemos que lo cierto / sea lo que imaginamos / recordermos que lo nuestro / todavía no ha acabado". La forma en que Bunbury interpreta el tema nos hace pensar que esta historia le ocurrió de verdad y que le dejó secuelas como la ansiedad y la impotencia de saber que esa magia se apagará por siempre. Que la chispa que hace explotar el deseo en ese cuerpo no la encontrará en otro. Que su orilla intranquila seguirá intranquila mientras su sed -por esa pasión - no se apage.

jueves, 16 de julio de 2009

La noche de Murakami


Al fin - después de "Tokio Blues" y de "Al Sur de la Frontera, al Oeste del Sol"- , he podido sumergirme en el universo Murakami bajo las hojas de "After Dark". Aprovechando un viaje a Argentina, pude comprar el libro a un precio razonable de U$ 18 - comparado con su precio aquí en Chile de estratosféricos U$50 - en ese templo de la literatura llamado El Ateneo.

Como siempre, mis expectativas eran altas pero con el correr de sus páginas algo extrañé de la prosa a la cual Murakami me había acostumbrado - ¿o mal acostumbrado? - en sus obras anteriores: el realismo y la narración en primera persona. Sí, porque esta novela que transcurre durante la madrugada de una noche en la inmensidad de Tokio juega más con la ficción que la realidad. Mari, una estudiante que deambula en medio de bares y cafés y su encuentro con un joven músico de jazz llamado Takahashi, gatillan el hilo de una historia que tiene como lugar común la efímera existencia de Eri - modelo y hermana de Mari -, quien sólo duerme - ¿y sueña? - durante el transcurso de unos hechos sobrenaturales que por momentos me recordaron películas de terror japonesas como "El Aro".

Tal como lo hiciera el director Wong Kar-Wai con su película "2046", Murakami coquetea aquí con una pseudorealidad afixiante pero también muy onírica - ¿alguien dijo David Lynch? - al mostrarnos que las cuestiones más simples de la vida no son sólo blanco y negro, ni ceros y unos, sino que la realidad puede relativizarce, y que - al igual que en la música - todo puede cortarse y volverse a pegar. Es así que en una entrevista, Murakami confesó que el estilo realista ya lo aburre y que "las novelas que no hagan cuestionarse al lector el sentido de la historia, el flujo de su conciencia o la firmesa de la base de su existencia, no deben escribirse ni leerse".

After Dark no es la cumbre de Murakami, pero tampoco es una novela mediocre. Es seductora en su forma y se lee como si estuviese narrada a través del ojo de una cámara de un reality que sigue a unos chicos durante una noche en Tokio. Bañada en jazz, - era que no, como en toda la obra de Murakami -y con un título que remite a una canción del trombonista Curtis Fuller, para alguien que no conozca otra novela de su autor sin duda sería una obra muy digna de recomendar.

miércoles, 24 de junio de 2009

En el Café de la Juventud Perdida

Debo reconocer que las novelas me cautivan fácilmente por sus títulos. Me pasó con "Ahora es el Momento" (Tom Spanbauer), "Kafka en la Orilla" (Haruki Murakami) y recientemente con "En el Café de la Juventud Perdida". Escrita por Patrick Modiano, autor de otras novelas como "Un pedigrí" y "La Calle de las Tiendas Oscuras" - recién llegada a Chile y ganadora del premio Goncourt -, esta fascinante obra es reconocida como la mejor novela francesa de 2007.

La historia es narrada a través de cuatro personajes que nos cuentan su visión de los hechos cuyo epicentro es Le Condé, un café del París de los años sesenta. Refugio de poetas e intelectuales perdidos, en medio de la bohemia surge una joven mujer que hipnotiza a los parroquianos, a la cual bautizan como Louki.

El estudiante y los puntos fijos. El personaje que inicia el relato es el guardián del mayor tesoro de Le Condé, una libreta heredada en cuyos apuntes se detallan todos los nombres de los clientes - los puntos fijos - del café por más de tres años, donde el nombre de Louki resalta por sobre todos los demás. "Louki con el moreno de chaqueta de ante". ¿Acaso existió algún parroquiano para el cual Louki pasara desapercibida?. ¿Pero quien era ese desconocido?. Comienza el misterio.

El detective y su conciencia. Usuario de la libreta de apuntes - haciéndose pasar por editor de libros de arte - consigue en ella las pistas necesarias para encontrar a la enigmática Louki y de paso, al moreno de chaqueta de ante. Siendo un encargo por parte del esposo abandonado, decide apostar por la liberación de la chica - ¿o acaso su verdadera felicidad?. "Ahora mismo, ella también caminaba por algún lugar de esta ciudad. O estaba sentada en un mesa, en Le Condé. Pero no tenía nada que temer".

Louki y la grisura de la vida. Precoz aventurera de las primeras cuestas, disfruta vagar en las noches por las calles de París. Eterna exploradora de la magia de la bohemia parisina, recorre los cafés en busca de personajes que le ayuden a escapar de la grisura de la vida. En medio de esa búsqueda, alguien le ofrece un poco de nieve. Otro se convierte en su guía espiritual en medio de sesiones de grupo. "No era de verdad yo misma más que mientras escapaba".

Roland y el eterno retorno. Convencido de ser el salvador de Louki, el moreno de chaqueta de ante se convierte en su fiel compañero de viaje. Por L'Odeon, Les Cygnes, Montparnasse o L'etoile y huyendo siempre de los fantasmas de la orilla izquierda pero nunca abandonando las zonas neutras - "no son sino un punto de partida, y antes o después, nos vamos de ellas" -. El hotel Argentine convertido en el lugar donde logra liberar a Louki. "Todo va a volver a empezar, igual que era antes. Los mismos dias, las mismas noches, los mismos lugares, los mismos encuentros. El eterno Retorno." Lo que Roland no sabía era que finalmente a Louki la devoraría la grisura de la vida.

Hubiese sido interesante conocer la versión de otros personajes de la novela como la del guía o gurú intelectual o la del esposo abandonado, pero Modiano se da el lujo de retratar en pocas páginas un mundo donde distintos personajes - sin necesidad de desarrollarlos, excepto a Luoki- pululan, como satélites, alrededor de un lugar conocido como el Café de la Juventud Perdida.

jueves, 11 de junio de 2009

Esas grandiosas canciones de los 80 (II)

Si pensamos en las mas grandiosas canciones de pop electrónico de los '80, no sólo Depeche Mode se nos viene a la cabeza. Con una lista interminable, la esencia de todo fue el oscuro sonido de los teclados de la new wave. Aquí aparece a principios de esa década la banda inglesa Human League con el hipnótico "Don't you want me", electrizante single salido de Dare (1981), el más exitoso álbum de la banda.



Por esos mismos años, mientras Human League electrificaban su oscura imagen a través de melódicas canciones pop, sus compatriotas de OMD - abreviatura de Orchestral Manoeuvres in the Dark - iluminaban las sombras de la new wave primero con "So In Love" del álbum Crush (1985) y luego con la exquisita "If You Leave" (1986).



De las cenizas de Joy Division, los chicos de New Order fueron los embajadores del sonido technopop de los ´80 con temas como "Bizarre Love Triangle" y "True Faith" pero es hacia el final de la década cuando convierten a Manchester en la capital de la dance culture con la flamante "Blue Monday".



Siempre en Inglaterra, otra banda de synth pop llamada Talk Talk logra con el melódico "It's my life" (1984), dar vida a un himno - tal como lo hiciera antes Gloria Gaynor con "I will survive"- de toda una generación: "es mi vida / no te olvides / es mi vida / nunca acaba".



Otras grandiosas canciones de los '80 se originaron en notables bandas sonoras como es el caso de la inolvidable "Lady, Lady, Lady" de Joe Esposito del film "Flashdance" (1983). Esta canción y la película representan el triunfo del amor y de un sueño alcanzado en la gran ciudad - dominada por unas desaparecidas Torres Gemelas- después de interminables recorridos por el puente de Brooklyn y las calles de Manhattan.


Y a propósito de las baladas - que vuelvan los lentos dijo alguien por ahí -, algo insospechado ocurrió cuando hace poco descubrí - en una vieja cinta vhs - un temazo del legendario Rod Stewart llamado "My heart can't tell you know".



Esta es sin duda una de las más grandiosas rock balads americanas de todos los tiempos : "No importa como intente convencerme / Esta vez no perderé el control / Al ver tus tristes ojos azules / Y de repente mi corazón no puede decirte que no." Una canción para escuchar, cantar y recordar mil veces.

domingo, 7 de junio de 2009

Siempre tendremos Paris

A propósito de mi adicción por los libros de Haruki Murakami y de mi retorno a las páginas de la fascinante novela "En el Camino" de Jack Kerouac, he vuelto a ver dos grandes clásicos del Cine, ambos - al igual que estos autores - fuertemente influenciados por el jazz. Mientras uno trata de recuperar la magia de un París que ya no existe, el otro retrata de forma particular el París de principios de los '60.


"Sin Aliento" (1959), la ópera prima de Jean-Luc Godard y una de las semillas de nouvelle vague francesa - paradójicamente inspirada por el film americano "Rebelde Sin Causa" de Nicholas Ray (1955) - , es una película rodada con cámara en mano y cuyo montaje sincopado al ritmo del be bop, cuenta las aventuras de Michael - interpretado magistralmente por Jean Paul Belmondo - que escapa por las calles de París luego de robar un auto y matar accidentalmente a un policía. Michael es un rebelde, hijo de la generación beat - el mensaje de Jack Kerouac y compañía está presente en todo el film - que logra encontrar refugio en casa de su novia americana. Es aquí donde se desarrollan los momentos más intensos del film gracias a los inteligentes diálogos "entre la pena y la nada, yo escogería la nada...la pena es un compromiso" - la leyenda dice que los actores se daban el lujo de improvisar - y la innovación cinematográfica en el uso del "estudio visual": como ocurrió antes con el cine de Orson Welles, Godard se convirtió con esta película en un revolucionario de la técnica con sus violentos saltos de cámara. El objetivo de interrumpir las secuencias de esta forma era que los cortes resultaban bellos en sí mismos, ya que ponían énfasis en que lo que se estaba viendo era cine. Así nuestros ojos no observan una escena , sino un medio que nos permite ver esa escena, pero que tiene vida propia.


En una de los planos de "Sin Aliento", Michael se encuentra con una fotografía de Humphrey Bogart, otra excusa perfecta - además de
"Al Sur de la Frontera, al Oeste del Sol" de Murakami - para ver una vez más "Casablanca" (1942) de Michael Curtiz. Siendo para mí una de la mas grandes películas de todos los tiempos, el feeling y la elegancia que los pareja interpretada por Ingrid Bergman (Ilsa Lund) y Bogart (Rick Blaine) logra se ha visto pocas veces en el cine - contemplar a James Stewart y Grace Kelly en "La Ventana Indiscreta" (1954) de Alfred Hitchcock y más recientemente a Tony Leung y Maggie Cheung en "Con Animo de Amar" (2000) de Wong Kar-Wai producen el mismo efecto -. El film narra los acontecimientos que ocurren en plena segunda guerra mundial en el Rick's Cafe de Casablanca, de propiedad de Rick Blaine, un estadounidense enigmático, duro y con un pasado que pocos conocen. Una noche aparece inesperadamente un líder de la resistencia, acompañado por su esposa, Ilsa Lund, con quien Rick había vivido un apasionante romance en París en vísperas de la ocupación nazi. Es cierto que está llena de clichés y frases citables que evidencian su génesis hollywoodiense, pero escenas como el reencuentro de los antiguos amantes en el Rick's Café o su inesperada despedida en el Aeropuerto - creo que se trata de una de las imágenes más recordadas en la historia del cine - hacen que nos olvidemos de cualquier prejuicio, porque la película está montada con una belleza visual inconfundible. Con una emocionante banda sonora compuesta por uno de los mejores compositores de todos los tiempos (Max Steiner), con "As Time Goes By" sonando de fondo - "play it again Sam!" le ruega Ilsa Lund al pianista -, Casablanca es el melodrama clásico por excelencia.

"Sin Aliento" y "Casablanca" son dos historias de pasión, deseo y perdida, perfectamente filmadas y acompañadas de notables bandas sonoras. Es así que la música se transforma en un ingrediente escencial ya sea para extraer los sentimientos o escapar de ellos y París se convierte en el lugar para hacerlo posible. París, siempre París. La ciudad romántica por definición. La fuente de inspiración de escritores, pintores, músicos y cineastas. Como el jazz, como las novelas de Murakami, Modiano o Kerouac, siempre tendremos París.

miércoles, 27 de mayo de 2009

El ying y el yang

A veces el cine nos muestra de una forma violenta una poesía de acontecimientos históricos y otras veces de forma poética los violentos acontecimientos de una vida. Es el ying y el yang, es la belleza del mundo pero también las más oscura pesadilla, lo que queremos recordar u olvidar. Dos notables películas contemporáneas, basadas en la Segunda Guerra mundial, comparten a través de la figura de una mujer infiltrada, una versión descarnada del thriller hitchconiano en medio del horror de la guerra. En una termina triunfando el ying, en la otra es el yang lo que acaba con todo.




"Black Book" (2006) de Paul Verhoeven, narra la historia de Rachel Stein (interpretada por Carine Van Houten), una cantante judía que huye de los nazis y se hace espía al unirse a la Resistencia que lucha contra la ocupación en Holanda. Magistralmente filmada - a un ritmo que no deja pestañar en ningún momento a pesar de sus 145 minutos-, la película se inicia con la huida y posterior muerte de la familia de Rachel en manos de los nazis, pasando por sus escondites en diversos lugares hasta que la Resistencia le pide que se infiltre con el enemigo -bajo el nombre de Ellis de Vries- , gracias a su atractivo sexual. Con el paso del tiempo las cosas no salen como lo planeado pues Rachel y un general nazi se enamoran, por lo que traidores y héroes transitan de ambos lados, incluso de forma más cruda después de la Liberación. Al respecto, Verhoeven dice " Todos los horrores de la película están basados en la realidad, pero hubo cosas mucho peores que las que vemos en la película. La idea siempre fue que crearíamos una situación en donde lo peor ocurriría después de la liberación."

Pero no hay que engañarse con el argumento, esta no es una simple película de espionaje, sino - como se escribió en la revista El Amante Cine - es la manifestación del shock permanente "el monstruo de la violencia...es un germen que habita en cualquier nación y que puede hacerse moneda común en cualquier momento, no importa que tan calmado y que tan seguro parezca estar todo". Es un film muestra el triunfo de la pasión y el amor por sobre la violencia y la guerra a pesar de su contingencia moral. Que nuestros ideales o prejuicios no necesariamente son absolutos, sino que son relativos y obedecen siempre a nuestros sentimientos.



"Lust, Caution" (2007) de Ang Lee comparte muchos lugares comunes con "Black Book". Con 156 minutos de duración, aún cuando su ritmo es más lento, la película contiene una poesía visual comparable a las obras de Wong Kar-Wai. Los hechos ocurren durante la ocupación japonesa en China en tiempos de la Segunda Guerra mundial, donde una estudiante universitaria llamada Wong Chia Chi (interpretada por Tang Wei, toda una revelación) con grandes dotes de actriz, se une a un grupo de estudiantes de la Resistencia que tienen un plan para asesinar al Sr. Yee (interpretado flamantemente por Tony Leung, actor fetiche de Wong Kar-Wai), un importante colaborador de los japoneses. Así Wong Chia Chi se convierte en la Sra. Mak, la cual se gana la confianza de Yee haciendose pasar por amiga de su mujer. Si en "Black Book" lo que abunda es la violencia de la guerra, aquí es la violencia del sexo lo que mantiene un thriller emocionante y desgarrador. Los encuentros intimos se hacen cada vez más frecuentes y hacen que nuestra infiltrada se confunda entre la realidad y el papel que juega. Siempre al borde del abismo, calculando cada paso y cada palabra, ya no sabe donde comienza o termina su actuación, porque al parecer todo es real.

Como en "Brokeback Mountain", Lee nos sumerge aquí también entre las redes de una amor prohibido, que duele de forma oculta en las mirada de los personajes. Una conjugación a punto de explotar, siempre en peligro, en que el más mínimo gesto - o susurro - es capaz de gatillar. Finalmente no es el amor el que triunfa - ni siquiera hay piedad -, pero sabemos que bajo ese rostro de orgullo y frialdad, siempre estará el recuerdo de una criatura que lo hizo feliz.

Ficción o realidad, enemigo o amante, tristeza o felicidad, oscuridad o luz. El ying y el yang presentes todo el tiempo. En "Black Book" como una violenta poesía de acontecimientos históricos y en "Lust, Caution" como una poesía violenta de una vida.

viernes, 22 de mayo de 2009

Al sur de la frontera, al oeste del Sol


¿Que hay al sur de la frontera, al oeste del sol?. Es la pregunta que me hago al comenzar a leer esta exquisita novela de Haruki Murakami y que no hace más que convencerme de la verdad de eso que Murakami produce adicción. En un principio mi plan era adquirir "After Dark" pero otra vez el precio jugó en mi contra - insisto, no es posible que en Chile se llegue a pagar U$ 50 por una novela -, así que me hice de la edición de bolsillo de "Al Sur de la Frontera, al Oeste del Sol".

Superando todas mis expectativas - que ya eran altas - esta novela es como la hermana mayor de "Tokio Blues" - su versión adulta dicen por ahí - porque el realismo sigue y se hace cada vez mas poético al retratar la historia - bañada de alcohol, sexo, pasión y Nat King Cole - de Hajime, dueño de un club de jazz y casado con Yukiko, hija de una familia adinerada. Su existencia pasa entre las noches a cargo del club, su familia y los recuerdos de juventud con Shimamoto, un amor que lo vuelve a atormentar cuando repentinamente aparece de nuevo en su vida.

"Recordé su ojos cerrados, sus labios entreabiertos al respirar. Su cuerpo suave y exhausto. Entonces ella me quería de verdad. Me había abierto su corazón. Pero yo me había detenido. Me había detenido en aquel mundo sin vida, desierto como la superficie de la luna. Poco después, Shimamoto se había ido y mi vida había vuelto a perderse."

No sé si es la pasión de Murakami por la música - en especial por el jazz - y que en esta oportunidad también es responsable del titulo del libro gracias a "South of the Border" de Nat King Cole, lo que hace que melómanos como yo - y porque no también románticos - nos volvamos adictos a su prosa. Cada linea de la novela escrita con una perfecta sencillez es una melodía que se lee y se vuelve música e imagen al mismo tiempo. Una música que conocemos y creíamos haber olvidado o que quizás no escucharemos nunca más. Una imagen que se mueve entre nuestros recuerdos y que no sabemos como volver a mirar. El lento despertar de un sentimiento olvidado pero que repentinamente explota porque el detonante siempre estuvo por ahí. La energia que hace que las cosas ocurran y que de pronto cede ante las fuerzas que hacen perder la cordura.

Detenerse en el tiempo y preguntarse si esta es la vida que queremos, cuando hay algo o alguien que te hace pensar que tomaste el camino equivocado. Ese es el sentimiento que embriaga a nuestro protagonista y que se transforma muchas veces en pura nostalgia. Al igual que en la extraordinaria Casablanca (1942), suena frecuentemente "As Time Goes By" en el club de jazz hasta que Hajime le pide al músico - al igual que en la película - que no la toque más. Ingrid Bergman es aquí Shimamoto. El Rick's Cafe es aquí el Robin's Nest. Pero a diferencia de la película aquí no hay un final en que alguien dija "siempre tendremos París" porque no hay esperanzas de un nuevo reencuentro. Lo que si hay después de leer "Al Sur de la Frontera, al Oeste del Sol" es la respuesta a mi pregunta y la certeza de que siempre tendremos Murakami.