jueves, 8 de octubre de 2009

Ciudades, videos y canciones

La música no sólo responde a emociones, sino también a lugares. Y esos lugares a veces se nos vienen a la cabeza simplemente porque están perfectamente retratados en los video clips de esas grandiosas canciones.

LONDRES. El metro, los clásicos buses rojos y el Big Ben. Tiendas con sus cortinas metálicas cerradas y vagabundos buscando el día. Congestión peatonal en los paseos. Barrios industriales abandonados. El puente Torre sobre el Támesis. Neil Tennant y Chris Lowe caminando por sus calles mimetizados entre la muchedumbre, mientras la niebla aún no abandona la ciudad. West End Girls (1985), Pet Shop Boys.


PRAGA. Callejuelas, el río Moldava, cisnes de cuello blanco. La vieja plaza Staromestske y más allá el gran Castillo. Michael Hutchence atravesando el parque en una fría mañana de otoño. Un saxo suena desde el antiguo cementerio judío. Alguien lo espera en el Puente de Carlos. "Te dije / que podríamos volar / porque tenemos alas ". Never Tears Us Apart (1987), INXS.



BERLIN. La puerta de Brandenburg y la majestuosa Lady Victory. Por allá la Torre de TV. Grandes avenidas que hacen fluir la sangre de una ciudad que se vuelve a levantar. Interminables bloques de departamentos. Bono y otros ángeles caídos observando a los hombres y mujeres que se recuperan poco a poco de las heridas de una época. "Sólo el golpe y el estrépito / cuando un ángel se estrella contra el suelo". Stay (Faraway So Close) (1993), U2.




NEW YORK. Grandes avenidas. Tráfico. Una mañana cualquiera en busca del periódico. Barrios sucios, grafittis y paranoia. ¿Calles sin salida?. Bowie escapando de Reznor. Rostros sospechosos y niños jugando. Otra vez la persecución. NYC Taxi. Cae la noche en la ciudad y con ella la locura parece desaparecer. Johnny's in America. I'm Afraid Of Americans (1997), David Bowie.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Chesil Beach


Una tarde pasé por Metales Pesados - para mí la mejor librería de Santiago - para comprar la última novela de Ian McEwan, "Chesil Beach" (2008), cuando para mi sorpresa Sergio Parra - uno de sus dueños - me obsequia una entrada para la conferencia que McEwan daría en la Universidad Católica. Mi plan - como el de muchos - era asistir con esa novela bajo el brazo para volver triunfante con su autógrafo, pero el sistema "literalmente" jugó en mi contra y estando a pasos del evento, no pude asistir.

La extraordinaria "Chesil Beach" es una novela que se devora de un tirón porque su intensidad no baja nunca y nos mantiene cautivados en cada página. A principios de los '60, Florence y Edward, una pareja de recién casados, va a pasar su noche de bodas a un hotel de Chesil Beach. Ambos son inexpertos en las artes del sexo y temen que cualquier estupidez eche por tierra esa mágica noche. Con cada hora que pasa, las expectativas de Edward crecen mientras que a Florence la embriaga un terrible sentimiento. Cuidando cada detalle, gesto y movimiento, la joven pareja intenta materializar el trascendental acto y a punta de ensayo y error, algo ocurre que hace que el momento no llegue nunca: lo que para él es el placer, para ella es la tortura.

"Ella se incorporó sobre un codo para verle mejor la cara y los dos sostuvieron la mirada del otro. Era todavía para ellos una experiencia nueva y vertiginosa, mirar durante un minuto seguido a los ojos del otro adulto sin contención ni vergüenza. El pensaba que era lo más cerca que habían estado de hacer el amor. Ella le sacó de la boca la brizna de hierba"

Pasiones que chocan y que no logran volverse carne. Como una novela de Murakami sin sexo. Florence y Edward, el ansia y la repulsión, el deseo y la frugalidad, el impulso y la retención, el hambre y la inapetencia. Todo y nada a la vez. Una paciencia que desespera y duele ante tamaño desastre: esa palabra que a Florence la devolvió a la inmunda escena en el dormitorio, la tibia sustancia que se secaba en su piel hasta formar una costra crujiente.

Un descubrimiento inesperado en la noche más inmensa. Las olas de una playa que revientan con cada estocada. Un fraude que se revela sin monedas, pero que en cada detalle grita. "No pienses en temas, piensa en detalles" dice McEwan en una entrevista siguiendo un consejo de Nabokov. Autor de otras obras como "Amsterdam" (1998), "Expiación" (2001) - la cual fue llevada magistralmente al cine en 2007 por Joe Wright, director de otra grande: Orgullo y Prejuicio - y "Sábado" (2006), McEwan acaba de anunciar la adaptación de "Chesil Beach" al cine bajo las cámaras de Sam Mendes ("American Beauty", "Revolutionary Road"). La novela - tal como el cine - es el mejor espejo para mirarnos.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Hombre mirando al Sudeste

Después de casi diez años, volví a ver la fascinante película "Hombre mirando al Sudeste" (1986) del director argentino Eliseo Subiela. Esta obra cinematográfica es una metáfora que cuestiona nuestra existencia como seres humanos a través de la historia de un hombre llamado Rantés que llega a un hospital psiquiátrico y dice venir de otro planeta. "¿Como llegó acá?" le preguntan y el responde "¿A la tierra? En una Nave".

La clave de este film, montado con simples recursos técnicos y estéticos, está en el fondo del mensaje que el paciente volador no identificado - como denominan los médicos al visitante - quiere trasmitir: "somos réplicas humanas perfetas, salvo por una cosa. No podemos sentir". Su enigmático origen y comportamiento, es especial su impostergable parada mirando al sudeste en el jardín del hospital todos los días a la misma hora, hace que el Dr. Denis - su médico tratante - cuestione los métodos científicos y se obsesione con su caso. En un momento él le dice "Rantés, usted está enfermo. Yo soy médico quiero curarlo, eso es todo" y Rantés responde "Yo no quiero que me curen. Quiero que me entiendan".

Muy pronto, Rantés se transforma en líder entre los pacientes y todos comienzan a seguirlo. Como una especie de Mesías, se encarga de curar las heridas psicológicas de sus compañeros y hace del pasar de los días, una experiencia feliz para todos. "Yo soy más racional que ustedes. Responde racionalmente a los estímulos. Si alguien sufre, lo consuelo. Alguien me pide ayuda, se la doy. Si alguien me habla, lo escucho". Una mujer llamada Beatriz aparece y dice conocerlo. ¿Porqué se cambia los zapatos cada vez que lo visita?.

Las situaciones y diálogos entre paciente y médico se hacen cada vez más reveladores y el Dr. Denis se pregunta cómo es que alguien que dice no poder sentir tiene tanta bondad hacia el resto. Es así que en una de las escenas más intensas Rantés explota y dice "Porqué no dejan la hipocresía y buscan la locura de este lado y se dejan de perseguir a los tristes de espíritu". Al fin, las antenas de Rantés y el Dr. Denis se sintonizan y se hace evidente en la memorable escena del concierto al aire libre con la Sinfonía n.º 9 de Beethoven, "El himno a la alegría", en donde Rantés toma inesperadamente la batuta y comienza de forma salvaje a dirigir a la orquesta, provocando el fervor y la locura de todo el público y lejos de allí, de la de sus compañeros del psiquiátrico.

"Doctor, porque me abandona" - una vez más aquí hay referencias bíblicas, cuando Dios abandonó a Jesús en la cruz - dice Rantés en una de las escenas finales del film y es aquí que nos damos cuenta - una vez más - de la estupidez humana. Nos creemos racionales pero muchas veces no somos capaces de hacer o decir lo que pensamos o engañamos nuestros sentimientos hiriendo a los demás. Una hermosa locura - como esta película - me convence de que todos estamos equivocados.


miércoles, 9 de septiembre de 2009

Ese rock que se creía alternativo (I)

En una fecha tan particular como hoy - nueve del nueve del nueve - se me vienen a la cabeza los acontecimientos musicales del año 1999, cuando las radios, canales como MTV o la prensa especializada hacían sus balances o listas de lo mejor de esa década. Sin duda, los exponentes del llamado rock alternativo destacaban por sobre todo el resto y era el grunge el que se llevaba las mejores posiciones.

Me pregunto si la decadencia del grunge a mediados de los noventa fue verdaderamente producto de la muerte de Kurt Cobain o - que es lo mismo - si Nirvana significaría hoy lo mismo sin la desaparición de su líder. Como sea, en 1991 los de Seatle nos gritaban en Nevermind que el aire olía a espíritu adolescente y que ya era hora de despertar y cantarle al mundo lo que sentíamos.



Creo que la emisión del - ya clásico - Unplugged de Nirvana por MTV marcó el antes y después del grunge. La interpretación que Cobain hace del tema "Where did you sleep last night" de Leadbelly emociona hasta las lágrimas. Con una fuerza desgarradora, nos damos cuenta ahora que a través de este tema Cobain nos anunciaba - concientemente o inconcientemente - su partida. Quizás, el único momento de esa magnífica serie Unplugged que supera a lo hecho por Nirvana es lo que hace Alice In Chains con la profunda e intensa interpretación de "Rooster". La atmósfera casi mística que Layne Stanley - muerto por sobredosis en 2002 - y compañía lograron en esa oportunidad no se volvió a ver nunca más. Recuerdo que conocí a los Alice In Chains por su aparición en la película Singles (1992) - toda una radiografía de la escena grunge dirigida por Cameron Crowe - en una magnífica escena donde interpretan en vivo "It ain't like that" y "Would" en un bar. Sus discos estuvieron siempre al borde del abismo, con momentos de decadente belleza - como en "Down in a Hole" - y otras veces de oscura intensidad - como en "Again" -.



Otras bandas - siempre de Seatle - ya venián incursionando mucho antes que Nirvana en un circuito más underground. Aquí aparece Soundgarden - banda que saca su primer EP en 1987 y que también tiene un cameo en Singles - con discos tan potentes como Louder Than Love (1989) y Badmotorfinger (1991). Si Alice In Chains era la versión oscura del grunge, Soundgarden era la versión más heavy. La inconfundible voz de su líder Criss Cornell supera a cualquier otra dentro del movimiento y junto a su banda logran uno de los mejores discos de la década: Superunknown (1994), con temas como "Black Hole Sun", "Fell On Black Days", "Spoonman" o "The Day a tried to Live".



Pearl Jam - también con cameo en Singles, era que no - es un caso aparte, pues aún cuando es la única banda de la corriente que sobrevive hasta hoy, su carrera es irregular. Dignos clásicos son sus álbumes Ten y Vs y otros como Vitalogy pero a finales de esa década comienzan a producir discos que parecen sólo cumplir con los contratos y que pierden la fibra que los hizo grandes en un principio hasta volverlos simples activistas. A propósito de Pearl Jam, los personajes de Beavis & Buthead bromeaban - en su serie transmitida por MTV - del parecido de la voz de Scott Weiland de los Stone Temple Pilots con la Edie Vedder de Pearl Jam, aludiendo que Weiland era una simple copia de Vedder, sobre todo por su interpretación en la potente "Plush" del disco Core (1992). Creo éste álbum junto a Purple (1994) lograron extraer desde el fondo de su médula las máximas posibilidades de la corriente, pues conjugaron distintos géneros, siendo todo y nada a la vez: ahí esta con aires western la flamante "Interstate Love Song", las convulsiones hardcore de "Sex Type Thing", la profunda tristeza de "Creep" o "Big Empty", los coqueteos noise en "Lounge Fly" o la heavy electricidad de "Plush".




El proyecto Mad Season, formado entre otros por Layne Stanley y Mark Lanegan - por ese entonces vocalista de Screaming Trees y ahora convertido en todo un cronner hasta ser comparado con Tom Waits - nos sorprendió en 1995 con el disco Above, una mezcla perfecta entre grunge y blues, con notables temas como "River of Deceit","Wake Up" o "Lone Gone Day". Otro supergrupo, surgió en la primavera del grunge cuando miembros de Soundgarden y Pearl Jam se unen en 1990 en el proyecto paralelo Temple Of The Dog para dar tributo al desaparecido Andrew Wood, vocalista de la seminal banda Mother Love Bone. "Hunger Strike" es un temazo que suda la escencia misma del grunge, una obra que emociona y que sigue inspirando a generaciones y la tremenda "Call me a Dog" es una inyección que hace reventar nuestras heridas ocultas.

sábado, 22 de agosto de 2009

Reconstruction

Una especie de mago aparece al principio del film y me pregunto cual es su significado. Mientras, una voz en off comienza a narrarnos una historia - "Empezemos así, no es el comienzo" nos dice - donde un hombre (Alex) entra a un bar y ve a una hermosa mujer (Aimée). ¿Se conocen?. ¿Es esto el principio o el final?. El hombre se acerca a la mujer y le pregunta "¿vienes conmigo a Roma?". La voz en off concluye "Se que no debo mencionarlo. Esto es un film, una reconstrucción, no obstante, duele".

"Reconstruction" (2003), dirigida por Christoffer Boe es una flamante película donde la magia está presente todo el tiempo. Con un montaje tan bello como poético, es una obra tan onírica que hasta los personajes creen estar viviendo un sueño - "se que eres mi sueño y que yo soy el tuyo" le dice Alex a Aimée - en medio de los bares y calles de Copenhague. Alex es fotógrafo y tiene una novia llamada Simone -con un extraordinario parecido a Aimeé - mientras Aimée es la esposa de un exitoso escritor llamado Auguste. El primer encuentro de los amantes ocurre en un andén del Metro, donde tanto Alex como Aimée se quedan observando a un mago - el mismo que aparece al principio del film y que después nos damos cuenta que se trata de una metáfora -. En un momento sus miradas se cruzan - creo que esa escena es tan notable como lo son los memorables encuentros de los personajes de Jude Law y Natalie Portman en "Closer" y de Brad Pitt con Claire Forlani en "Conoces a Joe Black" - y desde ahí todo se vuelve confuso, tanto para los propios personajes como para nosotros, en una construcción que por momentos tiene aires lyncheanos pero que está sumergida todo el tiempo en una atmosfera muy intimista, clásica en su esencia pero innovadora en su forma.

Lo inevitable ocurre y el deseo entre Alex y Aimeé se hace carne. Auguste descubre el affair de su mujer pero no dice nada. ¿Porqué parece que sabía con anticipación lo que ocurriría?. A poco andar descubrimos que es el propio Auguste el que va construyendo - ¿0 destruyendo? - en su novela la historia en torno a los amantes que se encuentran y desencuentran. Mientras Alex trata de seguir paralelamente con su vida su casa ya no existe, sus amigos, novia y familia no lo conocen y su desconcierto es total ¿Acaso todo es realmente un sueño?. ¿Acaso Aimeé no existe?. En una ultima cita, Alex llega tarde y pierde a Aimée. Acto seguido se reencuentran pero Alex duda ¿Acaso se reencontraron de verdad?. Luego se ve que Aimée va tras Alex - si voltea ella desaparecerá nos advierten - hasta que él voltea y ella ya no está. La mujer se ha ido. La risa se ha detenido. Pero el hombre sigue allí. Totalmente solo.

Tal como en las películas de David Lynch, con "Reconstruction" podríamos hacer miles de especulaciones sobre los motivos de Boe para hacer el film o del mensaje que nos quiere entregar. Como sea, lo cierto es que sabemos que la vida sólo se trata de tomar decisiones - buenas o malas - y que esas decisiones nos marcan para siempre. Dudar por un segundo en hacer o decir algo puede marcar la diferencia entre nuestra felicidad o el absoluto fracaso. ¿Acaso existe alguien que no esté arrepentido de algo que tuvo la oportunidad de hacer pero que no hizo?. La magia de la vida - y por supuesto del amor - esta al otro lado de nuestras decisiones. Saberlo y no aprovecharlo - tal como en este film - sólo duele.

sábado, 15 de agosto de 2009

Lluvia, música e inspiración.

Llueve intensamente en Santiago y en la radio suena un tema del ex lider de Soundgarden Chris Cornell. No conozco el nombre de la canción pero no importa, porque lo que vale en este momento es el fondo, no la forma. Tal como me pasa con las películas, existen momentos y momentos para escuchar una canción o un disco completo y la lluvia siempre me inspira a ello. Gracias a mi colección de cd's - y también de mi orgullosa y clásica colección de cassettes - mis posibilidades de elección son infinitas.

Los ánimos que me trae la lluvia de esta mañana me llevan de vuelta a Soundgarden con el flamante álbum Superunknown con temas como el oscuro "Fell On Black Days" y el intenso "The Day I Tried To Live" - uno de los temas más ilumidamente depresivos de la era grunge -. Me llegan tambien las imágenes en blanco y negro de los videoclips de otros temazos de la misma era como "Creep" de los Stone Temple Pilots, la hermosura de "Disarm" de los Smashing Pumpkins y por supuesto el exquisito "High and Dry" de Radiohead. Es así que discos de los '90 para sumergirse por completo esta tarde serían Automatic For The People de R.E.M - "Drive", "Everybody Hurts", "Man On The Moon" -, The Bends de Radiohead - "Fake Plastic Trees", "(Nice Dream)", "Street Spirit"- y Urban Hymns de The Verve - "Bitter Sweet Symphony", "Sonnet", "Lucky Man"-.

La lluvia sigue y pienso también en la música de David Sylvian donde su álbum Dead Bees On a Cake - con temas como "I Surrender" y "Wanderlust" - es un excelente aperitivo y desde ahí es inevitable pasar al jazz. Es que el tempo del jazz parece reflejar el ritmo con que cae la lluvia a veces suave, otras veces mas intensa y el saxo es un instrumento que nos transporta siempre a otro lugar. El hipnótico In a Silent Way (1968) de Miles Davis o su Kind of Blue - del cual hace poco se cumplieron 50 años con una edición especial- son perfectos como también lo pueden ser inmurables otros clásicos del jazz como Charlie Parker, Dizzy Gillespie , Ornette Coleman o Thelonious Monk.

De repente la lluvia para y es el preciso momento de escuchar el grandioso Astral Weeks (1968) de Van Morrison - cuyo cassette encontré algunas años atrás en un cajón de descuentos -. La pureza con que Morrinson interpreta cada tema del disco es una dosis de pura naturalidad, un folk que nos llena el alma. Mas contemporáneos, la camada americana de neo folk liderada por bandas como Smog - con el fabuloso Red Apple Falls a la cabeza -, American Music Club, Lampchop o Giant Sand son los acompañantes para una tarde echados en el sofá junto a una copa de vino.

Va cayendo la noche, miro por la terraza de mi departamento y veo al fin una ciudad limpia que se ilumina por kilometros. Es aquí cuando me invaden las ganas de una buena dosis electrónica: 808 State y su "Pacific State", Orbital con "The Box", The Orb con "Asylum" y Howie B con "Angels go Bald:Too". Sigo escarbando en mis discos y encuentro el Colours de Adam F - un exelente ejercicio de drum's and bass - y el Iaora Tahiti de los alemanes Mouse On Mars. Mi mujer llega, cenamos, y nos vamos a la cama junto a un disco de George Michael. Suenan "Cowboys And Angels" y "Praying for Time". El final de este lluvioso día no podía ser mas perfecto.

viernes, 7 de agosto de 2009

En el camino de Kerouac


Comencé a leer novelas en mis últimos años de universidad, por allá en el 2000. Antes, leer cualquier libro - siempre por temas académicos - me parecía aburrido y sentía que el acto de la lectura estaba reservado sólo para viejos. Mi apetito por los libros fue resultado de un proceso que se gatilló más o menos como sigue. Ocurrió que la potente "Born to Be Wild" del grupo Steppenwolf, me llevó a ver la película "Easy Rider" (1969) de la cual formaba parte en su banda sonora. Dirigida por Dennis Hopper y protagonizada por él mismo, Peter Fonda, y Jack Nicholson - la leyenda dice que Nicholson era en realidad uno de los productores pero la suerte hizo que debutara como actor -, esta road movie tenía como fuente de inspiración la novela "En el Camino" (1957) de Jack Kerouac. El salto a su lectura fue inmediato. En un par de semanas, me había devorado una novela al ritmo del jazz que me mostró un mundo insospechado. La literatura se había transformado para mí en un mundo fascinante.

Ahora, a casi diez años volví a leerla, pero esta vez en la versión original titulada "En la Carretera. El rollo mecanografiado original". Esta versión mas larga, es la fiel transcripción del texto original que Kerouac escribió a lo largo de tres semanas en 1951. Los nombres de los personajes aquí se descubren con sus nombres reales: Sal Paradise es el mismo Jack Kerouac, Dean Moriarty es Neal Cassady, Carlo Marx es Allen Ginsberg y Bull Lee es William Burroughs. La generación beat en pleno. Los cuatro jinetes de la contracultura. Los hijos de la carretera norteamericana del jazz.

El viaje que Kerouac y compañía emprenden una y otra vez por la América de principios de los '50 y que esta novela retrata a la perfección, es la búsqueda de la identidad de una generación que desea escapar del vacío de la posguerra. Sienten que la vida está allá afuera y que hay que salir a buscarla. Así, la carretera se transforma en la vía de escape de sus emociones, deseos o angustias, que depositan en cada ciudad que visitan o que prometen a cada mujer que conquistan. Cada lugar, cada aventura, contiene algo de la magia que buscan. Los cuartos sucios se transforman en templos y los bares en sitios de peregrinación. El alcohol como catalizador, el jazz como espíritu y el sexo como la vacuna contra la soledad. Unos pocos centavos, algunos kilómetros y una nueva historia.

"De súbito tuve una visión de Neal: un ángel ardiente, trémulo y aterrado que palpitaba hacia mí a lo largo de la carretera, acercándose como una nube, a velocidad meteórica, persiguiéndome como el Desconocido Amortajado, cayendo sobre mí en la llanura. Vi su rostro enorme, su lunático y firme propósito y sus ojos fulgurantes. Vi sus alas. Vi su viejo carro de guerra destartalado, con las miles de llamas vivas que irradiaban de él. Vi el rastro quemado que dejaba en la carretera; incluso iba abriendo su propio camino a través del grano, a través de las ciudades, destruyendo puentes, secando ríos..."

"En el Camino" la gracia está siempre fuera del establishment. Kerouac y sus amigos son los chicos malos, los rebeldes sin causa. El mañana es incierto, pero eso no importa, porque la improvisación es su lema - como en el jazz - y todo lo que tenga que suceder, sucederá. Y así fue escrita, de forma espontánea, por un Kerouac que al ritmo del be bop, plasmó frenéticamente en un rollo de cientos de metros las experiencias que acumuló en sus viajes en búsqueda de la verdad. Esa verdad que se transformó en la biblia de toda una generación.