martes, 28 de diciembre de 2010

Cuando los días son grises


Como Hope Sandoval, Chris Hooson hace de las canciones frágiles un refugio para los momentos de soledad. En cada una de sus obras las melodías hieren la piel y evocan paisajes en blanco y negro sobre carreteras eternas que recorren la tristeza en silencio. Signal Hill (2000), cuarto álbum de Dakota Suite, la banda de Leeds liderada por Hooson que debutó en 1998 con el álbum Alone With Everybody, es un pasaporte a los días grises cuando las almas se aferran a la vida después que son expulsadas del paraíso.

"The Cost Of Living" con vientos chicanos al estilo de Calexico da inicio a esta hiriente travesía seguida de la breve "Close Enough To Tears", una pieza arrebatada en los primeros destellos del alba. "Clean Linen Sheets" parece sacada de algun álbum de Bill Callahan y "Signal Hill" - la mas country del disco - es un Ryan Adams filtrado en ácido. Las olas de la breve "Riverside" evocan las orillas de un mar que sigue ahí después de una noche apagada y en la instrumental "Raining somewhere" es la lluvia lo que duele al caer mientras que en "Morning Heavy" es el susurro de Hooson lo que hace temblar los huesos. Con el piano y los violines de "I Turned Away So That I Might Not See" - cuyo titulo parece un tributo al So Tonight That I Might See (1993) de Mazzy Star - nos anuncian que el final está cerca y que las sombras desaparecerán pero con los primeros rasguidos de la guitarra de "When Skies Are Grey" y después de cualquier rastro de dolor son los deliciosos rastros country de ésta ultima canción lo que nos embriaga en una dulce y sublime dosis de felicidad.

"He vivido toda mi vida tocando mis cicatrices de forma repetida con tal de asegurarme de que no duelen" dijo alguna vez Hooson en una entrevista y son esas cicatrices las que en este disco permanecen tan abiertas como nuestros sentidos al escucharlas. Cuando la emociones se congelan. Cuando la intensidad llueve. Cuando las guitarras duelen. Cuando los días son grises. Ahí están las canciones de Dakota Suite. Como en Signal Hill, hay veces en que la tristeza es tan bella que se confunde con la alegría.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Cuando surgen las canciones.

Escribo este post en esta extraña tarde de noviembre, con algo de frío y mucha lluvia que cae sobre Santiago. November Rain. Sé porque la lluvia me hace escribir y también sé porque la lluvia me inspira y me trae nostalgia. Nací y viví mucho tiempo en el sur y durante eternas tardes de lluvia me encerraba a escuchar canciones. Por esos días y tal como ahora - pero a diferencia de antaño cuando sólo disponía de algunas decenas de cassettes y uno que otro disco compacto - las canciones surgían solas.

Desde entonces mis preferencias musicales han cambiado pero hay temas que perduran, que no se olvidan nunca. Encuentro en un viejo cassette de 1991 - que lo grabé precisamente en un día de lluvia en julio - algunos temas de Air Supply: "All Out Of Love", "The One That You Love" y la grandiosa "Lonely Is The Night". Justamente por esos tiempos Air Supply me acercó a otras bandas, entre ellas Foreigner de la cual escucho ahora "I Want To Know What Love Is" y la exquisita "Waiting For A Girl Like You" y de sus contemporáneos Cutting Crew "I Just Died in Your Arms Tonight" y "I've Been In Love Before".


Otras canciones que escuchaba en las tardes de lluvia de los '90 y que ahora caen otra vez son viejos hits de los '70s como "Amanda", temazo del grupo Boston con letras como "..¿Si te lo digo esta noche / apagarás la luz / y te marcharas sabiendo que te amo?" y 100 CC con "I'm Not In Love": "Me gusta verte / pero entonces otra vez vuelvo a caer / eso es malo para mí". De los años '60s y parte de la banda sonora del film "El Graduado" - sería una excelente película para esta tarde - escucho también el "Sound Of Silence" de Simon & Garfunkel.

Llega a noche y la oscuridad me trae la tremenda "Wake Up" de Mad Season y de ahí el salto a Mark Lanegan es natural con temazos como "One Hundred Days" o "One Way Street" a quien precisamente hace pocos meses atrás - en una fría noche de domingo - fui a ver al Normandie. Finalmente encuentro el album Shangri La Dee Da de los Stone Temple Pilots y escucho "Wonderful" y "Hello it's Late", dos temas que me acompañaron en los últimos días de Universidad.



En los momentos en que deseamos escapar de la rutina. Cuando sin explicación nos invade el miedo entre el caos de la ciudad. Cuando algo cambia y no sabemos porqué nos afecta. Cuando la brisa de otoño deja de golpearnos en la cara. Cuando las palabras sobran ante una inmensa y triste mirada. Cuando llueve como ahora y los recuerdos no paran de caer. Es ahí, justo ahí, cuando surgen las canciones.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Recoil: la revelación de los sentidos.


Momentos como los de la jornada de anoche en la Blondie es de aquellos que no se olvidan nunca. Porque Recoil en vivo es una experiencia catártica, mística, que llena tanto los sentidos como el alma. Alan Wilder, otrora miembro de Depeche Mode liberó aquí toda su energía creativa acompañado de Paul Kendall en el tour A Strange Hour que los ha tenido recorriendo el mundo desde marzo de este año.

El set list - que forma parte de su último álbum de remezclas titulado Selected - nos sorprendió por su perfección el cual acompañado de una película con una impresionante y seductora fotografía comenzó con un mix de "Prey" seguido de "Want" - original del album Liquid - y "Shape The Future", llegando a una versión dub de la exitante "Drifting", sin duda uno de los mas grandiosos momentos de la noche. El cóctel seguió con temas como "Allelujah" - muy noise - y "Uranokemia" hasta que Wilder nos deleita con una versión - por momentos calcada a la original - del "Never Let Me Down Again" de los Depeche Mode. A esas alturas el éxtasis era total y la simbiosis entre Kendall y Wilder era perfecta: mientras el primero se mantenía concentrado en lo suyo - el loco de las perillas ensuciaba las pistas a punta de noise, drones y efectos de reverberación - el segundo se mostraba siempre relajado, cercano, en constante feedback con el público.


La Blondie continuó inundada de beats y bajos con "Shunt", "Speedy Groove" y un envolvente mix de la extraordinaria "Stalker" - original del Unsound Methods -. Pasados los 75 minutos, Wilder y Kendall se despiden bajo la euforia de los - calculo - 500 fans que asistimos al show pero pasados un par de minutos las luces se vuelven a apagar y nos regalan un bis de antología con un sample del "Walking In My Shoes" de los Depeche Mode remezclado con "Jezebel" de Recoil y al final - y cuando ya todo era demasiado - suena un remix del Personal Jesus con un Wilder animándonos - a lo Dave Gaham - a seguir el clásico coro.


Que importa que el show se haya demorado más de una hora en partir. Con la experiencia que nos brindó Wilder está mil y una veces perdonado. Porque cuando su sonido nos envuelve y hace que todo lo demás desaparezca no hay ninguna emoción que compita con ello. Esto no es electrónica para el mainstream, sino la revelación de los sentidos como expresión del arte. En las mismas palabras de Wilder: una noche fantástica.

viernes, 29 de octubre de 2010

Tan lejos, tan cerca.


Cuando creía que iba por "El Mar" de John Banville o por algún otro de la serie Libros del Asteroide, me encontré con el "El día de todas las almas" (2000) del holandés Cees Nooteboom, novela que regalé a una amiga que no la terminó de leer - porque le pareció "muy profunda" - y que por lo tanto tomé prestada. Con una prosa a ratos compleja, que se mueve entre paisajes de gran poesía, metafísica o filosofía, Nooteboom narra la historia de Arthur Dane, un reportero que tras sufrir una gran pérdida camina por Berlín cámara en mano, compartiendo con un grupo de amigos las eternas preguntas de la vida hasta que es hipnotizado por una extraña mujer que seguirá hasta Madrid.

Como los ángeles caídos del extraordinario film "Tan lejos, tan cerca" (1993) de Wim Wenders, Arthur Dane recorre las calles de Berlín, en medio de la luz gris en busca de lo que los otros no ven. Vagando por la Flakplatz, la Schwedter Strasse o el Gleimtunnel, el hombre de las imagenes sigue los postulados de Camus "averiguo muchas más cosas observando las colinas onduladas" y a través de la música de John Cage disfruta de sus silencios porque la música que estira el tiempo también estira el espacio de la imagen.

"Cuando los cuerpos en esa habitación hubieran olvidado a sus personas...pocas lágrimas, una cicatriz que brillaba, un cuerpo aovillado como si quisiera empezar ahora a dormir para siempre...cuando la luz gris berlinesa se deslizara en el interior por la ventana sin cortinas, cuando registrara el silencio..."

Si Patrick Modinado con su novela "En el café de la juventud perdida" nos sumerge en el Eterno Retorno por la calles de París con los mismos días, las mismas noches, los mismos lugares, los mismos encuentros, aquí Nooteboom nos muestra L'eternité quoi de Berlin : el completo ciclo eterno y compulsivo del día que nunca cambiaba, el año que nunca cambiaba. Las imágenes congeladas de esa ciudad castigada - con la parte más débil mantenida viva al aire - y de un pueblo devorado entre sí en un mundo partido en dos y que ahora había vuelto a encontrar su alma peculiar.

Si en este preciso instante la nieve cayera sobre Berlín, Arthur Dane estaría ahí registrando el momento. Esa belleza de las cosas que no volverán y que se acaban tan rápido como el paso de una flecha. Sinfonía de una ciudad. Instantes congelados en un frío rollo de película - me imagino cualquier canción de Dakota Suite en este momento - como un hilo que mantiene nuestra memoria y que con el paso del tiempo se estira aún más. Imágenes que evocan lugares que ya no están pero que renacen ante nuestros ojos como si estuviésemos ahí: tan lejos, tan cerca.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Ecuación perfecta en sonidos electrónicos

Hay discos de electrónica que son producto del reciclaje de viejos sonidos, que extraen gota a gota el adn de la vieja escuela y los fusionan con beats, loops, scratching y otros recursos tecnológicos. Así forman una mezcla perfecta, una experiencia que transporta, una dosis que hace bien al cuerpo y al alma. Ejemplos de ello hay varios, pero quiero rescatar aquí dos imprescindibles álbumes de los años 90's: Endtroducing...de Dj Shadow y Colours de Adam F.


Joshua Paul Davis, mas conocido como Dj Shadow, lanzó en 1996 el álbum Endtroducing... revolucionando la industria al revivir viejos sonidos que permanecían escondidos en su impresionante colección de vinilos. Envuelto en una atmósfera downtempo y construido casi por completo en base a samples , en el álbum podemos encontrar hip hop abstracto, soul, jazz, funk y break y comienza con el juego de scratching de "Best Foot Forward" y sigue con la pausada pero adictiva "Building Steam With a Grain of Salt" hasta llegar al breakdance de "The Number Song". El cuarto corte "Changeling" que contiene un sample del "Invisible Limits" de Tangerine Dream es una exquisita pieza downtempo que roza con el ambient y "What Does Your Soul Look Like (part 4)" es un relajado ejercicio de chill out como para hundirse en el sofá. En la oscura y casi lyncheana "Stem/Long Stem" nuestro maestro de ceremonias sube a ratos las revoluciones para pasar de improviso al melodioso silencio de un saxo. "Mutual Slump" es puro drum 'n' bass filtrado por jazz y el breve hip hop de "Why Hip Hop Sucks In '96 " da paso a la insuperable "Midnight In A Perfect World", primer single del álbum. "Napalm Brain/Scatter Brain" comienza con sonidos que recuerdan las series policiales de los '70 y sigue con el drum 'n' bass mas intenso del disco y al finalizar, "What Does Your Soul Look Like (part 1)" es un dulce y emocionante homenaje al jazz, origen de todo el sonido del álbum.






A diferencia del Entroducing...en el Colours (1996) de Adam F. las revoluciones suben ya que aún cuando está lleno de matices es el drums 'n' bass el protagonista y comienza con "Intro" seguida de "73", ambas claramente inspiradas en la Blaxploitation. Con el tercer corte "Metropolis", el drum 'n' bass hace su presentación de forma muy árida, pero en "Music in My Mind" - una de las mejores del disco - la percusión se hace mas amigable acompañada de una voz sintetizada. El comienzo de "Jaxx" nos recuerda el "Inner City" de Goldie - quizas porque él mismo participa en el disco - pero al poco andar se desmarca y al llegar a la septima pista es Tracey Thorn quien pone su voz en la melódica y deliciosa "The Tree Knows Everything", canción que encajaría perfecta en el Walking Wounded de los Everything But The Girl. El disco avanza con el single "Circles", un limpio ejercicio de estilo que constrasta con la áspera y sucia "Dirty Harry" remezclada por Grooverider y luego con "F Jam" - otra de las cumbres del disco - el giro es radical a un sutil y jazzy drum 'n' bass rapeado magistralmente por Mc Conrad. "Aromatherapy" es una clásica y seductora pieza de acid jazz y hacia el final - terminando con la participación de notables representantes de la escena drum 'n' bass - es Roni Size quien remezcla "Circles", estampando su inconfundible estilo.





Paisajes sonoros llenos de magia. Deliciosas atmósferas que retornan de un pasado del cual no somos parte, pero que sentimos nuestro. Sonidos negroides, urbanos, que nacen cuando el sol se esconde y reencarnan el espíritu de la vieja escuela. Como alguien dijo por ahí: toda la electrónica viene de los 60's y los 70's, es sólo cuestión de encontrar la ecuación perfecta. Esa ecuación señores, yo la encontré en estos dos grandiosos discos.

martes, 7 de septiembre de 2010

La explosión de Jon Spencer


Conocí la música de Jon Spencer a mediados de los '90 - como en muchos otros casos - en el programa Nación Alternativa de MTV con algunos videos de su proyecto Boss Hog junto a Cristina Martinez. Lo que yo no sabía por entonces es que había comenzado sus pasos musicales a través de una banda formada en New York llamada Pussy Galore y que luego había fundado también la Jon Spencer Blues Explosion.

Poco tiempo después, con el primitivo y salvaje álbum Now I Got Worry (1996) bajo la Blues Explosion me volví adicto a su sonido. Con una actitud 100% rockabilly y una enorme dosis de locura e intensidad, el disco es la esencia del rock por el rock. Su tercer corte "Wail" libra una energía que recorre cada fibra del cuerpo, una sinapsis que no deja neurona indiferente. "2 Kindsa Love" no queda atrás y es la catarsis al final de un día grandioso, un éxtasis que no se consume nunca.


Con Now I Got Worry vino el descubrimiento de su anterior disco Orange (1994) con temazos como "Bellbottoms", pero fue con el posterior Acme (1998) y su single "Talk about the Blues" que la fusión del rock de Jon Spencer con el scratching de Dan The Automator - sumado a las imágenes de su genial video con Winona Rider - me hacían comprender que antes de ello lo que había escuchado de Jon Spencer sólo era un aperitivo. Ese híbrido, que era todo y nada a la vez, me mostraba al verdadero animal del rock. Las posibilidades desde entonces eran infinitas.




Después de dos álbumes discretos, Plastic Flag (2002) y Damage (2004), Jon Spencer arma un dúo con Matt Verta-Ray bajo el nombre de Heavy Trash. Si con la Blues Explosion era el maestro de ceremonias, con Heavy Trash es la reencarnación natural de los antiguos rockers, el espíritu de la vieja escuela. La alucinante experiencia en vivo con esta última banda no hace más que convencerme que Elvis está vivo y encarnado en el alma de Jon Spencer.

Si las canciones del desaparecido Jeff Buckley son un manifiesto a la intimidad y a las cosas que desgarran, en la vereda opuesta está el sucio Jon Spencer con su inagotable carga de 220 voltios que sigue rompiendo el establishment. Un motor que inyecta rock'n'roll, blues, country y punk a todo lo que encuentra a su paso. Su música es la interminable celebración del rock y de la energía que nos mantiene vivos.

martes, 24 de agosto de 2010

Esos libros que no he terminado de leer.


Sé que es extraño escribir sobre libros que no se han terminado de leer ya que uno no puede formarse un juicio para opinar de ellos. Pero justamente mi intención no es hacer una crítica, sino contar las experiencias que he tenido con algunas novelas inconclusas. Aunque uno sabe que pueden ser grandiosas, hay novelas que cuesta leer. Libros elogiados por la crítica o clásicos contemporáneos que no sólo forman parte de nuestra biblioteca, sino que están ahí esperando que uno se los devore. En el último tiempo al menos con tres libros me ha pasado que a medio andar los he abandonado como si nada. Explicación para ello no tengo. Quizás los tomé cuando no era su momento. Quizás mi estado emocional fue el problema. O quizás definitivamente esos libros no son para mí.

"Viaje al fin de la noche" es el primero de esta saga de libros sin terminar. Se supone, es la obra maestra de Louis Ferdinand Céline, del cual para muchos intelectuales es una de las más grandes novelas del siglo XX. Por ello mis expectativas eran altas y comencé una noche a navegar por sus extensas páginas pero su complejo y duro lenguaje - o el excesivo uso de argot - de Céline me agotó desde un principio. La novela cuenta la historia de su alter ego Ferdinand Bardamu quien herido en la primera guerra mundial, va buscando su destino - amargo, miserable y salvaje - en distintas lugares como el África colonial francesa y el Estados Unidos pre-superpotencia hasta que regresa a su Francia natal en un suburbio de París.

"El legado de Humboldt" de Saul Bellow, ganadora del premio Pulitzer en 1975 retrata la vida del poeta Von Humboldt Fleisher, quien es en realidad la encarnación literaria del gran poeta Delmore Schwartz, a quien Bellow veía como "hermano de sangre" y era admirado entre otros por Lou Reed y un ejercito de otros intelectuales, músicos y artistas. La vida de este poeta es fascinante y su talento dejó obras "In dreams begin responsibilities" que creo no se ha traducido nunca al español. En la novela, que para mí se torna muy extensa en su prosa y que dejé al llegar a la página 260, un joven amante de la literatura llamado Charlie Cetrine, recuerda su amistad con Fleisher quien se convirtió en su maestro hasta que su muerte lo deja a la deriva, alejándolo de sus ideales, mezclándose con mafiosos y perdiendo así las riendas de su vida.

"La elegancia del erizo" de Muriel Barbery, actual best seller - que continúa por meses en los primeros lugares de las listas -, es la última de las novelas sin concluir. Recuerdo que lo compré con entusiasmo en la última Feria del Libro de Santiago y la guardé por un tiempo - mientras era el turno de otras - hasta que lo comencé a leer hace casi dos meses. La prosa de Barbery - como el titulo del libro - es elegante y rica y contiene sin duda un humor inteligente, pero al avanzar por sus páginas no logró hacer feeling conmigo. La novela nos muestra las vidas solitarias de dos habitantes de un burgués edificio de París, una es la conserje llamada Renee y otra es una niña de doce años llamada Paloma que nos comparte sus "Ideas Profundas". Cuando un hombre llega al edificio, las vidas de las protagonistas se cruzan y descubren que son dos almas gemelas.

La extensión de más de quinientas páginas de "El legado de Humboldt" y "Viaje al fin de la noche" me hacen pensar que ello es la causa que me desmotiva terminarlas. Entonces, después de meses sin terminar una novela, creo que volveré a la genial literatura de Murakami o Modiano, que compraré alguna otra obra de la fascinante serie de Libros del Asteroide o finalmente y de una vez por todas, leeré una novela que tengo postergada hace casi tres años: "El Mar" de John Banville.